De Canterbury a Compostela

La Voz

SANTIAGO

ÁLVARO BALLESTEROS

La capital religiosa de Inglaterra ha resuelto el problema del tráfico con aparcamientos periféricos con bus gratis Ayer fue martes y entraron en Santiago 75.240 vehículos, 20.000 más que el año anterior en la misma fecha. Hoy es miércoles, una espesa niebla espanta a los turistas de las costas y por como está el tráfico, la cosa tiene visos de récord: son las 11.30 de la mañana y hay colas en la salida de la autopista en A Rocha, hemos venido desde Padrón en caravana perpetua, el cruce de O Milladoiro nos ha llevado nueve minutos y esperamos desde hace cuatro para poder cruzar la intersección de Romero Donallo con la carretera de Noia y entrar en la ciudad. Ya en Rosalía de Castro, los avisadores de los aparcamientos San Clemente, Xoán XXIII y praza de Galicia parpadean del completo al semilleno. El atasco es formidable y parece que la única solución que se propone es más párkings de pago. ¿Pero qué sucede en otras ciudades europeas? Acerquémonos a Canterbury.

12 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

SANTIAGO. A. DE LA TORRE La llegada a Canterbury por la autopista de Dover es inolvidable: colinas de un verde reventón avisan de que estás llegando a la capital del jardín de Inglaterra, a la ciudad más emblemática del condado de Kent y de todo el sur inglés, a Canterbury. La ciudad cuenta con 50.000 habitantes, pero en verano, los miles de turistas que llegan hasta allí desde Londres y desde todo el Reino Unido hacen que se duplique y triplique cada día la población. Canterbury es a Inglaterra lo que Santiago a España: la capital por excelencia del turismo religioso. En la catedral de Canterbury está enterrado Santo Tomás Becket, que fue asesinado en sus naves. También se encuentra en el templo la formidable tumba del Príncipe Negro y la ciudad, en fin, es la sede primada de la iglesia anglicana. Si Compostela tiene su Codex Calixtinus, Canterbury tiene sus famosos cuentos: narraciones escritas por Geoffrey Chaucer y puestas en boca de peregrinos. Pero lo que permite asimilar Compostela y Canterbury es la ingente cantidad de turistas motrizados que las visitan en verano. El casco viejo de la ciudad inglesa es parecido al de Compostela: tiendas de recuerdos, bares, pubs, restaurantes, museos, templos, callejas preciosas, mansiones antiguas. Los cientos de autobuses que cada día acceden a ambas capitales de peregrinación son estacionados en aparcamientos del extrarradio en las dos ciudades. ¿Pero cómo resuelven el problema de los turismos particulares? En Santiago, con mucha voluntad, más paciencia y aparcamientos subterráneos de a 30 ó 35 duros la hora. Pero los párkings céntricos no evitan la congestión de tráfico y como botón de muestra sirva nuestro experimento del pasado miércoles: recorrimos la ciudad en automóvil y sufrimos retahílas interminables y esperas desesperantes subiendo desde Santa Isabel, entrando por el Hórreo, bajando por el tramo final de la avenida de Lugo, girando en la plaza de Galicia. Y por cada coche con matrícula de A Coruña, había tres de fuera. Hace años se barajó la posibilidad de establecer aparcamientos disuasorios a la entrada de la ciudad que estarían unidos al centro por autobús. Los aparcamientos ya existen en Salgueiriños y San Lázaro, pero nadie, absolutamente nadie los utiliza: ni están señalizados ni están bien comunicados con el centro urbano por autobús. En verano, los buses pasan por Salgueiriños cada treinta minutos y por San Lázaro lo mismo pasan tres en cinco minutos que transcurren cincuenta minutos y no pasa ninguno.