Portugal no quiere ser China

El país vecino va hacia el pleno empleo, pero hay 800.000 personas con un salario mínimo que no llega ni siquiera a los 600 euros


vigo / la voz

Hay que remontarse a los años felices de la precrisis y el rescate para recordar tanto empleo y tan poco paro en Portugal. El 2017 fue bueno, pero el ejercicio en curso se presenta aún mejor. El desempleo portugués cayó al 7,8 % en enero, la cifra más baja desde el año 2004, según el último dato actualizado por el INE luso.

Todos los datos mejoran las previsiones y esta referencia histórica contribuye a impulsar todavía más la economía de un país que ha dado un vuelco a su situación en pocos años.

De hecho, el Gobierno socialista de António Costa puede presumir de haber logrado una caída del 37 % en el número de personas sin trabajo desde que accedió al poder, a finales del 2015. Solo en el último año, el país ha creado 165.000 puestos de trabajo, de los que 135.000 son de carácter indefinido, según datos divulgados ayer por el Gobierno portugués.

Empleos a millares

La avalancha de inversión extranjera en curso, con más de 1.000 millones programados hasta el 2020, que conllevarán la creación de 5.600 nuevos puestos de trabajo directos, dan fuerza a un país que se quiere arrancar la etiqueta de ser «la China de Europa» para vender al mundo la marca Portugal.

Esa es la filosofía, y también la actitud de cara al exterior, pero la realidad confirma que las cifras de inversión que está captando el país vecino no tienen rival en Europa en buena medida porque su competitividad depende todavía mucho de su bajo coste salarial.

Carlos Silva, el líder luso del sindicato UGT, asegura que los portugueses se encuentran todavía lejos de sumergirse en un contexto idílico, «porque la contrapartida no es otra que la precariedad en el empleo, con unos sueldos que, de media, no alcanzan ni los 800 euros netos mensuales y un salario mínimo que no llega a los 600 euros», explica el sindicalista.

Y eso a pesar de que el sueldo mínimo, que comenzó el 2018 en 580 euros (735,90 euros en España), ha registrado un incremento progresivo desde el 2015, coincidiendo con la llegada de Costa al Gobierno. La subida ha sido de 95 euros, en relación con los cuatro años en los que el país ha estado bajo la intervención de la troika, con unos sueldos congelados en 485 euros.

Esta suma de 580 euros es la que perciben 800.000 empleados lusos (el 22 % de los trabajadores privados), y seguirá aumentando de forma progresiva, según los acuerdos del Gobierno con Bloco y comunistas, que elevan el salario mínimo a 600 euros para el 2019.

Huelgas, las justas

Hay otro factor de incide muy favorablemente en la competitividad lusa, y es la garantía de paz social que ofrece a los inversores y empresarios en general. Las cifras lo demuestran. La conflictividad laboral volvió a descender en el año 2017 en el país vecino, en donde apenas se convocaron 200 huelgas, y 38 de ellas de carácter parcial, que supusieron la pérdida de 700.000 horas de trabajo en diferentes sectores de actividad, frente a los 488 conflictos registrados un año antes. En el conjunto del país el número de manifestaciones se quedó en el centenar.

¿Son muchas huelgas, para ser Portugal? Todo depende de con quién se compare, pero si es con España, los datos hablan por sí solos. El número de convocatorias registradas en España durante el pasado año ascendió a 774, que fueron secundadas por 1.948.955 trabajadores, con la pérdida de 24.622.812 horas de trabajo, según los datos de conflictividad laboral de la CEOE.

Más productivos

Dicen los empresarios de la automoción que han optado por instalar filiales en el país vecino que la pérdida de competitividad de las empresas gallegas, frente a las implantadas al otro lado del Miño se debe en gran medida a un factor clave: el coste de la mano de obra, inferior en el norte de Portugal en casi un 50 %, que explican como consecuencia de un doble efecto: por un lado la menor masa salarial y por otro el mayor número de horas trabajadas, como consecuencia de la baja conflictividad.

«La mano de obra puede representar entre un 20 y un 40 % del total de los costes de producción», afirman fuentes del sector. Aseguran que un informe que maneja la industria gallega del automóvil considera que la fuerza sindical presente en los centros de producción gallegos juega en contra del sector. «Es significativamente superior que en el norte de Portugal, con un mayor número de huelgas y paros parciales, y la existencia de la figura de los liberados sindicales, lo cual acaba restando horas productivas a lo largo del año», afirman empresarios gallegos.

En todo caso, y como muestra de que algo empieza a cambiar también en materia de paz social en Portugal, no hay que olvidar el pulso que los trabajadores de Autoeuropa, la filial portuguesa de Volkswagen, le han echado a la dirección al convocar la primera huelga en el sector luso del automóvil por negarse a trabajar durante los fines de semana.

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