Me llamo Mateo. Tengo el pelo divertido, ojos verdes y tiritas infantiles en las rodillas. Hace semanas mamá y la abuela hablan de las vacaciones a escondidas de papá. Yo las oí. Papá me sienta en su regazo para ver el fútbol. Me rebullo. Yo quiero colorear. Mamá canta en la cocina. Papá no habla de las vacaciones. Es un secreto que solo sé yo.
Mamá me corrige cuando me preguntan por los”añitos” que tengo y yo estiro tres dedos. Ella dice que todavía tengo veintitrés meses.
Hace poco empecé la guardería. Hugo me quita los juguetes. Hoy me arañó en la cara. Lloré mucho. Mamá habló con la cuidadora. Ella le dijo que eran cosas de niños.
Desde que sé lo del secreto de las vacaciones sueño con ellas. Esta noche viajábamos en cohete: yo, mamá y la abuela. Yo llevaba puesto un buzo y un casco. Papá quedaba en casa viendo la Eurocopa. Hugo aparecía para quitarme el casco a zarpazos
Me despierto. Oigo la voz de la abuela. ¿Qué hace en casa?, mamá aparece con ella en la habitación. Ponen encima de la alfombra ¡Un elefante de plástico, gris, con una sonrisa rosa enorme! Me hablan con voz infantil como si fuera un bebé. Me explican que la abuela tiene diez días de vacaciones en su trabajo. Viene a ayudar a mamá, porque me va a quitar el pañal. Me dicen que a partir de hoy tengo que pedir el pis o hacerlo en el elefante.
—Le compré calzoncillos de repuesto- dice la abuela con voz muy alta como si yo no estuviera delante.
—Mateo, acuérdate de pedir el pis ahora estás sin pañal- dice mamá revolviendo mi pelo.
—Mateo, ¿Tienes ganas?— pregunta la abuela.
Estoy enfadado porque descubrí el secreto de las vacaciones. Cuando están guardando los calzoncillos. Aprovecho que están de espaldas. Doy una patada al orinal. Grito:-¡Vaya vacaciones, joder!-.
Papá también grita esa palabra en los partidos de fútbol, bracea todo rojo y se levanta del sofá.
Mamá y la abuela no entienden qué dije. Se miran y me preguntan, al unísono, si quiero hacer un pis.
Manuela Belastegui Rosales. Pensionista. 50 años. A Coruña.