Adiós, intimidad

Francisco Iglesias Barreiro

RELATOS DE VERÁN

14 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Todo iba como la seda, tenía mis casi diez horas de libertad absoluta. Comía cuando tenía hambre, dormía a mi antojo, y en mis lugares favoritos, paseaba sin prisas, y sin limitaciones, el universo estaba para mí en exclusiva. Pero esa tarde todo cambio, fue salir ese hombre por la televisión y todo mi mundo se derrumbó. De repente, a los mayores les cambio la cara. En cambio los niños eran felices, parecía navidad. El día siguiente fue un descontrol, era una fiesta constante, pero en cuestión de pocos días todo cambió radicalmente, y a peor. Las horas de comer, dormir, o de hacer limpieza, se escribieron en una pizarra. Se marcó tiempo para el estudio, y de todos en silencio por no sé qué con el ordenador, el hoy odiado teletrabajo. Que decir de las horas libres, vaya tortura. Hubo momentos insufribles de gimnasia, y olores a esfuerzo a los que no estaba acostumbrado, horas y horas de música antigua que me hacía doler la cabeza. El pasillo por momentos parecía una estación de metro, de mis paseos en solitario pensando en mis cosas, pasé a esquivar piernas. Otro momento insufrible fue el de las comidas, me daban a probar cosas difíciles de tragar, tanto por el sabor, como la textura, a los pocos días distinguí lo crudo de lo quemado con solo verlo desde la puerta de la cocina. Que decir de esos minutos de aplausos que me hacían daño en los oídos, sin contar con el “Resistiré”. La verdad es que yo para resistir estuve tentado a pedirle medicación para los nervios a mi veterinario. Creedme no fue fácil el confinamiento para un gato, pero mi vecino me ha dicho que es peor ser perro, aparte de lo anterior, lo hacían pasear horas y horas, kilómetros y kilómetros, alguno, me dijo, llegó a perder peso, ¿qué clase de maltrato es ese?

Francisco Iglesias Barreiro. Técnico de ventas. 55 años. A Coruña.