Nunca olvidaré aquel primer domingo de septiembre del año 1964 cuando llegué a la hermosa villa marinera de Candieira. Crucé su histórico puente romano sobre el río Conchiñas y llegué a una coqueta casa de planta baja rodeada de flores por los cuatro costados, frente a la playa y al lado de unos acogedores jardines. Era la casa de mi tía Matilde donde iba vivir durante cursara el bachillerato.
Tenía diez años y abandonaba mi pueblo y la convivencia con mis padres. Aunque contento y decidido, las dudas existían, pero pronto se disiparon. Mi tía me acogió como un nuevo hijo y el pueblo de Candieira como uno de los suyos.
La tía Matilde era una de esas personas que infunden respeto al mismo tiempo que confianza y cercanía. El orden y la educación eran dos de los valores que priorizaba.
Aunque no era un niño travieso, mi tía no se libró de las travesuras propias de aquella edad. Recuerdo aquella frase de : No me hagas condenar, Ví.
Eran tiempos de los primeros pitillos, y algún Chesterfield sin boquilla encontró en mis bolsillos.
Un día recibió quejas del guardia municipal, que en aquella época usaban porra. Yo le había llamado porrero, y no le gustó. También algún profesor se quejó que no hacía los deberes y, sin embargo, me había visto comprando el Marca.
El primer afeitado también llegó en casa de la tía Matilde, y ella me compró el primer frasco de Varon Dandy.
Sigo usándolo de vez en cuando, y su aroma transporta mi mente a aquellos maravillosos años.
Me quedó grabado aquel: Abrígate Ví, que hay nieve en la Capelada, que me decía cuando iba a despertarme en tiempo de invierno. Y aquellos dos refranes: Quien mal anda, mal acaba. Y, Dios castiga sin palo y sin piedra. A lo largo de la vida, comprobé que eran muy ciertos.
Siempre valoré mucho a mi tía, pero ahora que peino canas y asoma la reumatoides, me doy cuenta de la incalculable importancia que ella tuvo para hacer de mí una persona que se siente orgullosa de su paso por la vida
Hace tiempo que nos dejaste, querida tía. Pero siempre estarás presente porque sigo aquellas directrices que me fuiste marcando.
Vicente Fernández Iglesias. Prejubilado. Vicedo.