Si Pilar tuviese que decir cuál era la cosa que más le gustaba en el mundo, sería el verano.
Para ella, la palabra verano era un sinónimo de felicidad. Era un momento muy especial y esperado, ya que los calurosos y secos días del verano se convertían en los mejores del año.
Después de todo un curso teniendo clase todos los días y estudiando mucho, podía disfrutar de un momento para relajarse.
Pilar pasaba la mayor parte del verano en casa de sus abuelos, los cuales, vivían en una pequeña casa de ladrillos cobrizos a escasos metros de Doniños, la playa donde veraneaba.
Todos los días, salía con su abuelo a pasear, y ambos creaban historias fantásticas sobre príncipes, malvados condes, sirenas…
Cuando llegaba la noche, Pilar siempre cogía su pequeño cuaderno de anotaciones y escribía todas esas cosas que su abuelo le había contado. Con toda esa información, creaba sus propias historias. Eran muy complejas, con una gran cantidad de personajes, difíciles descripciones y tramas muy rebuscadas.
Esa complejidad le recordaba al concepto que la gente tenía sobre la felicidad.
A ella le servía con ir a pasear un rato, ir a la playa y escribir en su cuaderno, sin embargo, la mayoría de la gente pensaba lo contrario.
Quizá, si se hiciese un estudio a la población mundial, en el cual tuviesen que decir lo que era la felicidad para ellos, saldría algo muy parecido a sus historias, ya que la mayoría de respuestas serían muy complejas.
Pilar pensaba que eso era un error, ya que la felicidad no era tan rebuscada, como opinaba la mayoría de gente.
Para ella la felicidad era algo tan simple… las tardes en la playa, las quedadas con sus amigas, las tardes en la terraza jugando a juegos de mesa, las excursiones en familia, los atardeceres…
Para Pilar, la felicidad era el verano.
Verónica Morales Seijas. Estudiante. 14 años. A Coruña.