Sanxenxo en el puente: del chubasquero y el paraguas al sol y a la playa en una hora
SANXENXO
Este viernes se caracteriza por cambios rápidos de temperatura y de pasar de la lluvia a un cielo despejado en poco tiempo
02 may 2025 . Actualizado a las 17:55 h.Apenas algo más de una hora marca la diferencia entre las dos fotos que ilustran este reportaje. En una se puede ver a un matrimonio de visitantes a Sanxenxo, vecinos de Lugo, con cazadoras y paraguas; mientras que en la otra se puede ver a un grupo de personas bañándose en la playa de Silgar. Estos altos contrastes están siendo la tónica de este puente del 1 de mayo, con vendavales y lluvias torrenciales, acompañadas por algún que otro trueno, en las madrugadas del jueves y del viernes, y que dieron paso a unas mañanas donde uno tanto podía pensar que estaba en noviembre como en junio. Es, a efectos del refranero popular, mayo loco, el mes que inauguramos el pasado jueves.
En Sanxenxo, capital turística de las Rías Baixas, el tiempo ha aguado la cita vacacional al sector hostelero en más de un sentido. No se han dado las elevadas temperaturas de otros años por este puente y tampoco ha servido para resarcirse de una Semana Santa también pasada por agua y que recordó por un amplio margen las previsiones de los hoteles si hubiese lucido el sol.
De la lluvia a bañarse
En Sanxenxo, este viernes por la mañana, la jornada amaneció con cielos despejados, donde solo había apenas alguna nube en el cielo antes de las diez de la mañana. Todo parecía indicar que volvería a repetirse el buen tiempo del jueves, lo que además invitaba a acercarse a Silgar, donde una gran bajamar descubría un enorme arenal en todo su esplendor. Poco tiempo duró esta ilusión porque media hora después el cielo volvía a estar encapotado, como y lo había estado de noche y la lluvia empezó a caer. Cuando parecía que se había instalado ya el peor de los presagios meteorológicos, es decir, un día de lluvia y hasta algo de frío, las personas que se veían en el paseo de Silgar iban todas con unos paraguas que tuvieron que abrir en más de una ocasión.
A las doce y media fue como si el tiempo decidiese dar una rápida e inesperada tregua y la lluvia cesó, mientras las nubes se retiraron de la capital turística. Fue entonces cuando se pudo ver lo que parecería imposible solo un cuarto de hora antes: gente en bañador bajando a la playa y metiéndose en el agua con toda normalidad. El paseo marítimo, por otra parte, se llenó de gente, al igual que las terrazas, porque todos querían aprovechar por si una caprichosa e inestable meteorología decidiese volver a cambiar repentinamente. El pronóstico se cumplió. A la tarde volvió a llover y a cántaros.