Lo que queda por delante


El próximo gobierno de Pontevedra tiene por delante retos apasionantes: el estímulo de nuevas actividades, la consolidación del modelo urbano y la extensión de la calidad de los servicios a todas la parroquias o la creación de las condiciones para que la economía local sea fuerte y competitiva. Pero también la resolución de viejos problemas enquistados que parecen hacer vivir a la ciudad en un bucle constante: el transporte urbano, el desbloqueo del plan de urbanismo o el nuevo contrato de basuras, prorrogado desde hace años.

Todo ello está fijado en el programa del partido que está llamado a gobernar Pontevedra o, al menos, liderar su gobierno. Y ahí está la cuestión.

El BNG de Lores deberá pactar con el PSOE si no un gobierno de coalición, sí al menos los presupuestos año a año que le permitan llevar a cabo todas las medidas mencionadas y otras que lleven a Pontevedra hacia el futuro. Del entendimiento entre ambas formaciones y, en casos de interés general, también de los otros dos partidos con representación, PP y Cs, dependerá el futuro a corto plazo.

Por eso la semana que arranca mañana será decisiva. Las conversaciones entre nacionalistas y socialistas arrancarán ya con materia sobre la mesa. Los retos son muchos. Pero todo dependerá del grado de entendimiento para ver si Pontevedra encara un mandato de cuatro años rodado con un rumbo claro, con las lógicas discrepancias ideológicas, o si enfila un pedregal que dificulte que el gobierno que empiece su tarea de este mandato lleve a cabo todos los asuntos pendientes y afronte los retos de un futuro todavía por inventar.

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