Y aquí la prueba del algodón: ¿se puede ir a cinco por hora en bici?

Un ciclista, con velocímetro, intenta ir a la velocidad que el Concello quiere marcar en toda la zona peatonal. ¿Lo logra?

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Y aquí la prueba del algodón: ¿se puede ir a cinco por hora en bici? Un ciclista, con velocímetro, intenta ir a la velocidad que el Concello quiere marcar en toda la zona peatonal. ¿Lo logrará?

pontevedra / la voz

La polémica está servida. El Concello de Pontevedra, que está preparando una ordenanza de movilidad, quiere que bicicletas y patinetes circulen en las zonas de preferencia peatonal -tanto por las aceras como por las calles de plataforma única- a una velocidad máxima de cinco kilómetros por hora. Y los ciclistas, además de enfadarse al por mayor -Pedaladas puso el grito en el cielo- dicen que eso es imposible, que ni siquiera muchos peatones van tan lentos y que las bicis así no se sostienen. Así que nada mejor que salir a la calle y pedirle a cuatro ciclistas anónimos que opinen y, sobre todo, que prueben a circular todo lo despacio que puedan a ver si cumplen o no la norma.

Empezamos en A Ferrería. Aparece en escena un ciclista que viene haciendo el Camino Portugués al revés, es decir, que va en bici hacia Portugal y que, muy oportunamente, lleva un velocímetro en su manillar. Se llama Carlos Eduardo, es brasileño y en cuanto escucha el asunto de la ordenanza, se lleva las manos a la cabeza: «Cinco por hora? Iso paréceme moi pouco», indica. Luego, prueba. Se sube a la bici y promete ir lo más despacio que pueda. Toma la diminuta subida entre A Ferrería y la Peregrina, se mueve unos metros y, efectivamente, avanza lo mismo que algunos peatones. Viene hacia abajo por la misma zona y da su veredicto: «Imposible ir a cinco, ponme que vou a sete. Máis de vagariño non podo», dice con amabilidad mientras se despide para seguir la ruta hacia las tierras lusas. Antes de marcharse, da un consejo: «Que poñan dez por hora como máximo, que non é moito. E así non haberá queixas seguramente».

Segundo intento. Aparece Javier, que va en bici hacia la Michelena y que es usuario habitual de este transporte en Pontevedra. Se le pregunta si cinco kilómetros como máximo está bien. Se ríe y ya no quiere ni intentarlo: «Eso es poquísimo, eso es imposible...», insiste. Luego, indica: «Necesitamos un poquito más, si no no damos». Algo similar indica el protagonista del tercer intento, que va subiendo por la calle Soportais muy lento, así que podría pensarse que los cinco kilómetros por hora son suficientes. No lleva velocímetro, pero su experiencia le dice que tampoco cumpliría la norma de los cinco por hora: «Imposible, para iso iría a pé e aínda andaría máis rápido. En bici a nada que deas unha pedalada xa corres máis de cinco», indica Isidoro mientras, como el resto, insiste en que la ordenanza le parece un auténtico dislate.

Cuarto y último intento. Cambio de escenario. Aparece Douglas circulando con una llamativa bicicleta por medio y medio de Benito Corbal. No lleva velocímetro. Pero a su lado va un can que no necesita ni correr para ir a su paso. Al preguntarle si cree que cumpliría la norma de los cinco kilómetros por hora, su respuesta no se hace esperar: «Si vas a cinco por hora pierdes la estabilidad, necesitas un mínimo para mantener la inercia».

Pedaladas «declara la guerra» a la norma y prepara estrafalarias movilizaciones

Pedaladas indicó ayer que acaba de declarar la guerra a la normativa municipal en ciernes que, paradójicamente, se llama «ordenanza reguladora da utilización dos espazos públicos e de mobilidade amable no Concello de Pontevedra». El colectivo está convencido de que circular a un máximo de cinco por hora es sinónimo de eliminar el uso de la bicicleta en las zonas de preferencia peatonal, es decir, en toda la zona monumental, en Michelena o Benito Corbal. Por tanto, indican que harán «guerra e máis guerra» y, muy en su estilo, preparan ya estrafalarias movilizaciones, que tendrán como escenario las proximidades de la casa consistorial pontevedresa.

Entre las ocurrencias para llamar la atención sobre una ordenanza que consideran un disparate está la organización de una prueba en la que se empujarán carritos de la compra, para comprobar que cuando se va con esos artilugios se camina a más velocidad. Igualmente, se va demostrar también que a pie, empujando carritos de bebés, tampoco se cumpliría la norma de circular a menos de cinco kilómetros por hora -que el Concello marca para bicis y patinetes, no para peatones- porque «cando un vai empurrando algo ou leva algo que lle pesa xa apura máis o paso do que marca esa velocidade».

También se prevé una mesa redonda con técnicos y políticos.

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