Filomena Mera dejó su millonaria fortuna a los pobres de los dos municipios, tal como figura en el testamento que redactó en 1958 y que ahora se ha hecho público
02 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Quienes conocieron a Filomena Mera saben que pasó por la vida de un modo humilde y discreto, sin llamar nunca la atención. Pero también saben que esta melidense poseía una de las mayores fortunas del municipio en forma de tierras y otras propiedades. Aunque ella falleció hace años, con la reciente muerte de su marido, Ángel Montero, se descubre ahora el contenido de su testamento, redactado el 13 de febrero de 1958. Filomena, que no tuvo hijos, quiso hacer a los pobres de Arzúa y Melide un regalo impagable que nadie se esperaba. Su voluntad consistió en dedicar toda su riqueza exclusivamente a la construcción y mantenimiento de un asilo que acogerá a ancianos desamparados y sin recursos de estos municipios, y de otros vecinos si fuese necesario. Para ello, Filomena nombró a los párrocos de Arzúa, Melide y Branzá miembros de un patronato cuya función será gestionar las riquezas cedidas para que se cumpla su legado. Después, las Hermanitas de los Pobres se encargarán de regir la institución, que llevará el nombre de Asilo de San José. Millones por concretar Aunque los bienes y riquezas de Filomena Mera están todavía sin inventariar, expertos en temas inmobiliarios de la zona estimaron que sólo las propiedades conocidas de la mujer pueden superar los seis millones de euros. Entre estos bienes se encuentran, al menos, un edificio emblemático y varios solares en la villa de Melide. La lista de propiedades inmobiliarias se completa además con numerosos terrenos en parroquias de este último municipio, Arzúa y Santiso, tales como Santa María, Moldes, Maceda, Novela o Branzá. En conjunto, pueden superarar las cien hectáreas, según las primeras estimaciones. Para el párroco de Melide, Antonio García Mourelle, esta herencia dotará de una institución benéfica muy necesaria a los municipios del interior de Galicia. Hasta ahora, los ancianos que no podían pagar una residencia, tenían que ingresar en asilos de Pontevedra, Santiago o Pontedeume. Mourelle calificó este hecho como «unha grande sorpresa», y mostró su agradecimiento a «Deus, a Filomena Mera e á súa familia». El cura melidense alabó el modo de vida de esta benefactora, del que dijo que era «a encarnación do espírito dos Evanxeos, pois pasou polo mundo sen facer ostentacións». Gracias a ella, los pobres de los municipios de Arzúa y Melide podrán soñar con un techo para vivir. De paso rompe la parábola religiosa del cielo, la aguja y el camello.