MANUEL-LUIS CASALDERREY
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Un chico de 14 años, invidente y autista, de Os Ancares, llevaba sin escolarizar desde el comienzo del curso. Es una secuela, directa, clara y muy lamentable, derivada del cierre del Colegio de la ONCE en Pontevedra por la disminución continuada de matrícula en los últimos cursos. Otra consecuencia negativa más de la nefasta LOGSE socialista, que propone la integración en centros normales de personas con minusvalías varias, incluidos los invidentes. Sin embargo, no prevé la dotación adecuada, en personal y medios, para que los alumnos especiales reciban las atenciones que su caso requiere. La integración consiste en ponerlos por orden alfabético en una lista de una clase normal y dejar que los profesores, que no han conseguido eludir ese grupo, hagan lo que buenamente puedan para atender las necesidades de aprendizaje de los especiales y las del resto. Salvo excepciones, el profesor no recibe preparación ni apoyo alguno por parte de la Administración, ahora popular. Así las cosas, como ya he dicho en varias ocasiones, me resisto a creer que los padres se resignen ante tanto desaguisado. Este caso salió en la prensa y se resuelve. Es el camino. Si tiene algún problema similar, ándelo.