La comarca de Pontevedra pierde cerca de una docena de vecinos cada semana

Pontevedra, Poio, Bueu, Caldas y Barro son los concellos donde crece la población


pontevedra / la voz

La ciudad de Pontevedra y Poio son como dos oasis en un desierto demográfico en una comarca donde el cómputo comarcal de los censos municipales refleja la pérdida de una docena de vecinos de media cada semana, según se desprende de los últimos datos oficiales de los padrones, hechos públicos ayer, por el Instituto Nacional de Estadística (INE), a fecha de 1 de enero del 2018. En quince concellos de la comarca, solo hay crecimientos con respecto al 2017 en cinco municipios. Son Pontevedra, Poio, Caldas, Barro y Bueu. En este último caso, el incremento es un mínimo de tres personas.

El epicentro del desastre demográfico se concentra sobre todo en dos lugares. Cerdedo-Cotobade sufre la mayor sangría, entre emigración y defunciones, que lo sitúan por debajo de los 6.107 con los que empezó el 2017. Ni la fusión ha servido para fijar población. En Marín, la crisis en la pesca y la falta de oportunidades laborales para los jóvenes, unido a unos precios elevados en el alquiler y poca bolsas de pisos asequibles, se muestra en un desplome de 275 personas menos en solo un año. El caso marinense es especialmente preocupante, porque lleva ocho años de descensos continuados y aunque llegó a rozar los 26.000 vecinos reconocidos por el INE, la cifra ahora se aproxima cada vez más a los 24.000.

Valoración desigual

A la hora de valorar los datos del INE, los concellos siempre suelen tener ciertas diferencias, por duplicidad de empadronamientos de una misma persona y otros factores que exceden la capacidad municipal y solo detecta la Administración central.

Desde un concello como el de Ponte Caldelas y en base únicamente a los datos de las oficinas municipales del 2018, el gobierno local sostiene que su padrón se ha recuperado, con la llegada de 264 personas el año pasado, por lo que los caldelanos entienden que las cifras que publicó ayer el INE ya están desfasadas a 1 de enero de este año. Habrá que esperar doce meses para que cuando se haga desde Madrid la próxima depuración del padrón se confirme o no esta valoración del Concello caldelano.

En base al INE, sí que llama la atención también la pérdida de población en Vilaboa, que baja por primera vez de los seis mil vecinos; y Portas, que se aleja del listón de los tres mil. El municipio con menos población de la comarca es Campo Lameiro, con apenas 1.800 vecinos, aunque su superficie territorial es, por ejemplo, superior a la de buena parte de las entidades locales de la comarca. Es un claro ejemplo del abandono del rural interior.

La ciudad del Lérez es la tercera urbe gallega con un mayor saldo positivo

Cuatro de las siete ciudades de Galicia crecieron en población y entre estas se encuentra Pontevedra solo superada por A Coruña y Vigo a la hora de atraer nuevos vecinos, según los datos del INE a 1 de enero del 2018. En ese padrón se refleja que A Coruña ganó 751 vecinos, Vigo otros 656 y Pontevedra 131. Lugo se quedó con un modesto incremento de treinta personas más en las estadísticas del INE. La otra cara de la moneda se encuentra en Ferrol, Santiago y Ourense. Es especialmente llamativa la pérdida de vecinos del municipio de Santiago, cifrado en más de mil personas, como la capital gallega que más ha decrecido.

La situación en general en buena parte de las áreas metropolitanas sigue el mismo patrón que sus ciudades. Las comarcas del interior de Galicia se encuentran con una caída mayor de los censos como consecuencia del despoblamiento del rural, más agudo en las zonas alejadas de la costa. En la provincia de Pontevedra, crecen en habitantes Vilagarcía y Lalín y pierden fuelle Redondela y Cangas.

«De Poio, me gusta la buena calidad de vida y que es bonito»

A sus 77 años, Ignacio Blanco es uno de los nuevos vecinos de la comarca de Pontevedra. Él y su mujer, Milagros Acosta, dejaron Vitoria, donde estuvieron afincados treinta años, para establecerse el pasado febrero del 2018 en un piso en Andurique, en Poio. Es una decisión de la que no se arrepienten e Ignacio Blanco se manifestó encantado de ser un poiense más y eso que en su trayectoria vital ha vivido a ambos lados del Atlántico. Nacido, como su mujer, en la ciudad cubana de Camagüey, de donde también son naturales sus dos hijos, se vinieron para España hace ya muchos años. En la perla de las Antillas, Blanco trabajaba como mecánico de un taller y en el País Vasco se reconvirtió en montador de muebles. Su decisión de venirse a Galicia la tomó como una forma de estar cerca de su hija -su otro hijo vive en Madrid-. En cierto sentido es como un regreso a la tierra de sus antepasados porque Blanco tiene raíces en O Barco de Valdeorras de donde era su padre. ¿Por qué Poio y no otro municipio de la comarca para establecerse? Lo tiene muy claro. Fue para estar cerca de su hija. Y de paso, descubrió que es un concello donde le encanta vivir. «De Poio, me gusta la buena calidad de vida y que es muy bonito». Señala que, además, «aquí el clima es mejor» que en Vitoria. Con varios arenales a tiro de piedra, bajo el sol del verano, disfruta mucho de la playa.

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