Antía Pérez y Carol Agulla llegaron ayer de la concentración en Las Rozas y esperan ser seleccionadas para viajar a los Juegos de la Juventud
21 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Carol y Antía viven esperando. En las próximas 48 horas sabrán si hacen o no las maletas a Argentina para participar en sus primeros Juegos Olímpicos de la Juventud. Todavía con el cansancio de la concentración con la selección nacional en sus cuerpos, las jugadoras del Poio Pescamar llegaban ayer a la Alameda de Pontevedra. Venían de una sesión en el fisio antes de entrenar por la tarde con su equipo.
No han parado ni un minuto. Salieron de Las Rozas a primera hora y ahora cuentan las horas para saber si estarán entre las diez jugadoras que viajarán a los primeros Juegos de la Juventud en los que hay fútbol sala femenino. «Va a haber dos descartes en un grupo que tiene mucho que dar, todas remamos en la misma dirección tanto a nivel individual como colectivo. Cada una aporta algo diferente», señala Antía Pérez, que este año llegó al Poio después de nueve años en el Ourense Envialia. Con 18 años, lleva ya ocho concentraciones con el combinado nacional, uno más que su compañera Carol Agulla. Ella hace cinco años que llegó a la casa rojilla después de estar toda la vida en fútbol once. «Era el momento, llegó la hora de cambiar, ya estaba casi en el límite para poder jugar con chicos», explica Agulla, que reconoce que está «con mucha tensión» por conocer su futuro con la selección.
Antes de saber si vestirán o no la camiseta nacional se enfundarán esta tarde la nueva del equipo conservero en el partido de presentación que tendrán a las 21 horas en A Seca ante el Burela. Bromean con las llamativas camisetas que lucirán esta noche. «Este es un año de cambios», explica Antía Pérez.
Aspiraciones en la liga
De este año esperan lo mejor. «Siempre somos competitivas, pero este año tenemos plantilla para llegar más lejos, no nos faltan ganas ni actitud para lograrlo», reconoce Carol, quien asegura que después de ganar dos años la Copa Xunta toca dar un paso al frente. A nivel personal ella da pasos de gigante y asume que aunque se tenga que perder dos partidos de liga, Argentina vale la pena para crecer. «Sería la primera vez que voy a una competición oficial con la selección», indica.
Estos días en Las Rozas han aprendido a vivir lo que puede ser pasar el mes de octubre en Buenos Aires. Dobles sesiones de entrenamiento, tiempo de análisis con vídeos, comida, siesta y báscula cada mañana, en definitiva un sistema de vida muy distinto al de la Primera División. A Antía y Carol les vale para aprender, pero además tienen referentes más cercanos que completan esa cultura deportiva que las ayuda a gestarse como futbolistas. Antía se fija en Bea Seijas, la veterana jugadora de 44 años que juega en Ourense. «Fuimos compañeras tres años y siempre aprendes de ella en la pista y a nivel personal también», señala. Carol, sin embargo, se fija en Charo, una de las ex jugadoras rojillas que «me ayudó mucho desde que llegué». Ahora ya caminan solas hacia Argentina, pero con la camiseta rojilla.