El fango se come los bancos marisqueros

Las cofradías advierten de que sin el dragado del Lérez, las zonas estériles avanzan en la ría

El fango se come los bancos marisqueros Las cofradías advierten de que sin el dragado del Lérez, las zonas estériles avanzan en la ría

pontevedra / la voz

La desembocadura del Lérez y todo el canal que marca la navegación desde Corbaceiras hasta el cabo de Os Praceres fue, hasta hace no mucho uno de los bancos marisqueros más productivos de la ría de Pontevedra. De sus aguas se extraían almeja fina y babosa, las más caras de la lonja de Campelo, y reportaban ingresos anuales de más de un millón de euros, cifra nada despreciable y que contribuyó a que la rula de Poio se situase a la cabeza de la comarca, por encima de Marín.

La abundancia se ha ido al traste. El Prestige asustó, pero no alcanzó el fondo de la ría. Y sin embargo, desde hace una década el sector afronta un peligro tan dañino como el naufragio del petrolero: la falta de dragado del Lérez y su canal de acceso. Una invasión de lodo, silenciosa pero persistente, lleva la desolación a las antaño muy ricas aguas pontevedresas. No llegaba con la proliferación de vertidos por fallos de saneamiento y la declaración de zona C para parte de estos bancos. Incluso en aquellas zonas donde pueden seguir trabajando el marisco se está volviendo escaso.

Las consecuencias para la actividad de la flota artesanal son demoledoras. Hace trece años trabajaban en este ámbito todo el año, salvo con marea roja, 84 embarcaciones. A día de hoy solo lo hacen 35 y en muchos casos, con un solo tripulante porque, al haber menos ingresos por tener menos capturas y menos zonas de trabajo, no se pueden mantener a dos o tres personas por embarcación. Bastantes barcos han abandonado definitivamente el marisqueo. Esta espiral es como la pescadilla que se muerde la cola y desde las cofradías precisan que la única forma de romper este círculo es el dragado del Lérez porque, en cuanto se haga, se podrán regenerar los bancos dañados. Para los pósitos no es un capricho, es la vida o muerte de su flota.

El río supuso, en otros tiempos, hasta el 43 % de los ingresos de los barcos de las cofradías de Pontevedra, Raxó y Lourizán. Hoy las cifras son elocuentes y hablan por sí solas. De 1,2 millones de euros de ingresos hace trece años solo en el ámbito del río y el canal, el año pasado apenas se superaron los 38.000 euros. Otro dato, los barcos extrajeron 37.700 kilos de almeja fina y 34.000 de babosa en el 2003, pero en el 2015 estos valores se rebajaron a los 1.350 de fina y a solo quince kilos de babosa.

La solución para revertir la situación aviva la urgencia del dragado. «O mar é como unha leira, hai que traballalo», dicen los mariscadores. Por eso el sector de a pie ara con tractores las playas en marea baja, para hacerlas más productivas, pero la flota no puede. Depende del dragado, que tiene que ejecutar Portos. Y mientras el reloj sigue corriendo y la burocracia moviéndose a un ritmo de tortuga, su modo de vida se ahoga lentamente en un mar de fango.

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