Herencia familiar llegada de Japón

manu otero MORAÑA / LA VOZ

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Capotillo

Un empresario nipón introdujo el tenis de mesa en Moraña en los setenta y la familia Casal lo convirtió en su actividad de ocio en familia favorita

18 ene 2017 . Actualizado a las 12:57 h.

Siete años llevan los vecinos de Moraña organizando un torneo solidario de un deporte que hace medio siglo sonaba a chino. Mejor dicho, japonés. Fue un joven empresario nipón el que introdujo el tenis de mesa en el municipio en los años setenta.

«Yoshiro, un especialista que vino para el montaje de una piscifactoría, fue el que nos metió el gusanillo del pimpón», recuerda Gerino Casal que en aquella época rondaba los diez años y que ahora no deja pasar ni una sola oportunidad de coger una pala. Si puede ser acompañado de sus hijos Carmen y Antón, mejor.

«Montamos una mesa de conglomerado, la pintamos de verde, las rayas con cinta aislante blanca y las raquetas, una chapa de madera pura», recuerda Gerino como Yoshiro enseñaba en un pequeño local a una nutrida pandilla de jóvenes. «Era nuestro deporte de invierno», apunta este asesor que se encargó de transmitir su afición a sus dos hijos.

Yoshiro culminó su proyecto y regresó a Japón. Y Gerino abandonó Moraña para completar sus estudios sin dejar completamente de lado su deporte favorito. Aunque la pasión volvió a brotar con el crecimiento de Carmen y Antón, de 14 y 12 años.

«Por mi boda me regalaron una mesa de pimpón». La misma en la que la familia disfruta de intensas jornadas de competición. «De momento aguanto el tipo y aún no me ganan», reconoce entre risas un Gerino que ve reflejado en su hijo pequeño la afición que el tenía a su edad. «Antón cada vez le pega mejor y también en el instituto, en el recreo, juegan igual que lo hacíamos nosotros. El que gana sigue y el que pierde espera», recuerda con morriña.

No compiten a nivel federado, pero sí aficionado. Y en el torneo solidario de reyes ambos quedaron subcampeones en sus respectivas categorías. «Tiene un primo federado en un equipo de Vilagarcía y le pica el gusanillo de meterse», confiesa ilusionado el padre que no ve en Carmen las mismas ganas de competir en serio.

Reclama este enamorado del tenis de mesa la apertura en Moraña o alrededores de un lugar en el que practicar este deporte. «Es baratísimo y se podría compartir con otros deportes sin estorbar a nadie, en cualquier asociación podría haber un local con una mesa», reivindica Gerino.

No hay muchos movimientos y en el pueblo planean reclutar de nuevo a Yoshiro, que rondará ya los setenta, para restaurar en Moraña la fiebre del tenis de mesa.