La cara amable del «Gran Hermano»

El CSIC concluye con éxito el desarrollo de un sistema electrónico que documenta en tiempo real las capturas del barco


redacción / la voz

La flota recela de dejar entrar en la intimidad de su casco las cámaras de circuito cerrado de televisión. Esas que Bruselas está empeñada en instalar en prácticamente todo aquel artefacto flotante que se haga a la mar a por peces. Los marineros se resisten a tal irrupción y aducen su derecho a la privacidad para dejar su espacio laboral al margen del ojo electrónico. Y enrojecen de ira por esa presunción de culpabilidad que siempre se otorga al pescador. Pero al mismo tiempo el sector es consciente de que, «nos guste o no, las cámaras van a estar, tarde o temprano, a bordo de los barcos». Lo dice Javier Garat, secretario general de la patronal Cepesca, y lo confirma Ignacio Gandarias, director general de Ordenación Pesquera, que el miércoles pasado avanzó en Marín que no falta mucho tiempo para que sean obligatorios los medios de monitorización remota, por lo que más valdría ir aprovechando las ayudas del FEMP antes que cerrarse en banda a lo que va a a acabar imponiendo Europa.

Pero es precisamente por ese empeño de la Comisión Europea de introducir a bordo cámaras con el único afán de controlar si cumplen las normas de pesca y, sobre todo, la obligación de desembarque, esa quimera «imposible de cumplir, la que ha inoculado en el sector pesquero la inquina hacia un elemento electrónico que, si se deja al margen la vertiente de chivato, puede ser de mucha ayuda.

«Puede ser una buena herramienta de ayuda a la gestión», admite Garat, que recuerda que prácticamente toda la flota atunera congeladora ya emplea la observación electrónica y está implantada de forma piloto en palangreros de fondo y de superficie y arrastreros obligados a llevar observación científica.

Ayuda a la gestión pesquera

A ver esa cara amable del polémico Gran Hermano han contribuido los científicos del Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) de Vigo, organismo dependiente del CSIC, que acaba de culminar con éxito el proyecto Sicaptor. En esa iniciativa se ha perfeccionado el iObserver, su particular observador electrónico, dando un «salto tecnológico de gran interés para el futuro de la toma de datos científicos que permitan reducir los descartes y realizar una pesca responsable», apuntó Julio Valeiras, investigador del IEO, socio del proyecto con el centro de Supercomputación de Galicia (CESGA) y la Organización de Productores de Marín (Opromar). Dos barcos de esta entidad son los que han testado ese sistema electrónico que documenta las capturas y cuantifica los descartes para ayudar a tomar decisiones a los pescadores.

«Se trata de una única cámara que se sitúa encima de la cinta de triado y, conforme van pasando las capturas, las fotografía, estima las especies, las identifica, estima su peso y tamaño», detalla Luis Taboada, investigador principal del proyecto Sicaptor. Eso ya lo hacía el primer prototipo del iObserver, pero en este segundo se ha recurrido a las herramientas de aprendizaje profundo (deep learning) y a las redes neuronales para dar con un ojo electrónico capaz de cuantificar las capturas de forma fiable aún cuando los ejemplares estén solapados o superpuestos en la cinta transportadora. Así es que «se ha logrado más de un 96 % de acierto en la identificación de especies y un error absoluto medio de un 4 % para estimación de la talla», comenta satisfecho Taboada.

Datos en tiempo real

Otra ventaja del sistema desarrollado por el IIM es que los datos se procesan en tiempo real y en el propio barco, sin necesidad de enviar las imágenes a tierra, pues se genera un fichero de datos que no ocupa ni un mega y que será de gran validez para «desarrollar modelos de predicción con fines científicos y los mapas que generan se pueden usar para planificar la pesca.

El sector exige una implantación voluntaria y gradual

El mentor del Sicaptor destaca de este ojo electrónico el respeto a la privacidad del marinero, pues se trata de una única cámara que «solo apunta a la cinta de triado». Taboada es consciente de que hay que pulir fallos, como la luz que ilumina el área, que molesta al profesional, y dar con un modelo más pequeño y flexible. Por eso ya planea una tercera parte para trabajar en un modelo que tenga salida comercial porque «interés lo hay». Y si realmente van a acabar a bordo de los barcos, mejor un modelo que han probado los gallegos. Que las cámaras pueden ser una buena herramienta de gestión lo dice también Sergio López, gerente de la Organización de Productores de Lugo (OPP-7), consciente de que un observador electrónico es 5 veces más barato que uno físico. Lo sabe porque su organización está obligada a monitorizar el 5 % de los días de actividad de sus barcos y frente a los 50.000 euros que cuesta embarcar a un científico, el electrónico se liquida con 10.000. Otra cosa es que la observación es más completa si va una persona que si la hace una cámara. Pero el problema no es ese. El inconveniente es esa obligatoriedad que se le quiere dar a las cámaras a bordo con el único objetivo del control, cuando el sector quiere que esa implantación sea voluntaria y gradual, y solo imperativa en casos de riesgo.

Así, en lugar del empecinamiento en meter al «Gran Hermando», más valdría redactar de nuevo la obligación de desembarque para hacerla posible de cumplir. Y de paso, armonizar sanciones entre los países y, sobre todo, introducir proporcionalidad en las sanciones. «Si un barco comete unha infracción de 1.000 euros, que o sancionen con 3.000, pero non con 300.000», como suele ocurrir.

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