De tallar calabazas a esculpir una lechuza en Briz

Marcos Gago Otero
marcos gago MARÍN / LA VOZ

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MARCOS GAGO

El carpintero y artista marinense Santiago Castro Soage revive con el tocón de una acacia la figura de un ave que habitaba el parque marinense

26 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Santiago Castro (Marín, 45 años) es carpintero de profesión. De hecho, tiene un taller en su localidad natal, donde se dedica a los trabajos en madera de viviendas y edificios como marcos, ventanas, puertas y tarimas. Sus experiencias en el mundo artístico se habían limitado, hasta este mes, a la talla de calabazas por Halloween y a algún pequeño trabajo para sus amigos. Hasta que un día contactaron con él desde la Fundación Juan XXIII, asociación que se ocupa del mantenimiento del parque de la Granxa de Briz, por un acuerdo con el Concello de Marín. Buscaban una persona que fuese de la localidad y que además se atreviese a esculpir una figura aprovechando los tocones de los árboles que se retiran o podan, por diversas razones, en el recinto. Aceptó el reto y ayer se llevó a cabo la inauguración oficial de la que es la escultura número 15 del bosque encantado de este parque, una lechuza de cerca de dos metros y medio de alto por uno de ancho.

Natural del barrio de A Banda do Río, cuando era adolescente él y sus amigos saltaban la tapia que rodea el parque, en aquella época estaba abandonado, y lo exploraban. Siempre veían una lechuza entre los árboles y cuando lo llamaron tuvo claro qué debía representar. «De los tres tocones que hay me fijé en este porque la forma que tenía como de pájaro con alas ya me pareció una lechuza», relata. Indica que desde el Juan XXIII y el Concello le dejaron elegir el motivo y él expuso su idea, que gustó. «Querían un motivo para esta zona donde hay juegos para niños y como ya hay una rana y un caballito de mar, les propuse que se podría hacer una lechuza por la forma que tenía el tronco y les gustó».

El trabajo fue duro y todo un reto para este carpintero que, además, recalca que la madera de acacia no es tan fácil de tratar como otros árboles. «Es una madera que tiene algunas vetas por el medio y que se estropean. Hubo que restaurar el tronco metiendo cuñas de madera con cola y para que quedase bien le apliqué dos manos de producto, una de color y otra transparente», relata. La razón para este tratamiento es evitar que la exposición al sol agriete la escultura y que, asimismo, retenga el color brillante que realza el atractivo de esta lechuza.

La reproducción de este pájaro nocturno se halla ubicada en un círculo de árboles en torno a un castillo de juegos infantiles y uno de los toboganes gigantes, en la parte más alta de la Granxa de Briz. Esta nueva pieza artística complementa las que ya hay en este entorno. A pocos metros se encuentran una especie de trono, aprovechando un tocón, un caballito de mar y una rana.

El resultado, una enorme lechuza que otea el horizonte y saluda a los viandantes que ascienden las escaleras del recinto. Es la primera intervención de esta clase de este carpintero profesional, cuya experiencia artística hasta ahora se había limitado a cosas mucho menos ambiciosas. «Tengo hecho cosas pequeñas para amigos y tallo calabazas en la época de Halloween, como brujas, brujos, búhos, el motivo que se me ocurre relacionado con ese momento del año», indica. Con estos trabajos lleva unos cuatro o cinco años participando en concursos y exposiciones de calabazas, pero nunca se había enfrentado a producir una escultura de un árbol.

La concejala de Medio Ambiente de Marín, Marián Sanmartín, y el director de la Fundación Juan XXIII, Diego Chapela, se acercaron ayer por la mañana hasta la finca marinense para realizar la inauguración oficial de este trabajo. Ambos elogiaron la capacidad artística de Santiago Castro, destacando además que era la primera de las quince figuras del bosque de Briz de las que se encargaba un escultor marinense. Él, por su parte, tras describir las características de la figura y el porqué de la lechuza enfatizó un pequeño detalle, que puede pasar fácilmente desapercibido. Al pie de una de las garras del ave nocturna, se encuentra tallado un nombre, Pastora, una familiar a la que él quiso rendir su particular homenaje dedicándole esta escultura.

A pocos metros de la lechuza, Santiago Castro señala otro tocón, otro árbol que se ha talado por suponer un riesgo de desplome sobre los viandantes. Solo se han respetado en su ubicación original las raíces y un tronco de unos dos metros. Aquí también dejará Castro su impronta. En esta ocasión, se tratará de elaborar una ardilla, una propuesta que partió de los responsables de la Fundación Juan XXIII.

Por sus manos no solo pasarán las esculturas. Los bancos de madera de la zona alta del parque, que lucen un intenso nuevo colorido, fueron también objeto de su tratamiento. En el proceso de restauración de algunos elementos decorativos de madera del parque, que ya tienen varios años, también se cuentan otras figuras con las que se han cebado los vándalos. Este carpintero marinense también se ocupará de recuperarlas, como las antenas del caracol o el brazo de la escultura de un niño. Para él, «viviendo en Marín, trabajar aquí es de agradecer».