Un debate alterno, en el vestíbulo

C. pereiro COTOBADE / LA VOZ

CERDEDO-COTOBADE

El pleno consiguió vaciar las calles de Carballedo y aglutinó a más de un centenar de personas en la entrada del Concello

04 mar 2016 . Actualizado a las 12:13 h.

Carballedo se presentaba ayer con una estampa inusual. Mucho coche aparcado en sus arcenes pero ni un alma por sus calles. En los bares, solo el camarero de turno, y en el resto de tiendas, el encargado o encargada correspondiente. Una aparente calma que contrastaba abiertamente con lo que sucedía en el vestíbulo del Concello de Cotobade.

Allí estaban los vecinos que simulaban desaparecidos. Tal era la asistencia que el salón de plenos se quedó pequeño y ni una sola butaca quedó libre. Pero no quedaba ahí la cosa. Las sillas del vestíbulo, a media hora del comienzo del pleno, ya estaban ocupadas, y la gente se agolpaba en la puerta, intentando reservarse un sitio, aunque fuera de pie.

Dos carteles circulaban entre las manos de los vecinos. Por un lado el que rezaba «Non a esta fusión!», y por otro «Eu digo si a fusión». A simple vista, de los primeros había una mayor cantidad y el ruido de sus dueños era mayor que el de sus rivales.

Dentro de la sala, los políticos comenzaban su debate, afuera, en los pasillos y el vestíbulo, comenzaba el otro, el de sus gentes. Un debate marcado por los silencios provocados por las constantes peticiones de supresión de los cuchicheos y conversaciones que no permitían a los agolpados en la puerta del salón escuchar a Jorge Cubela al momento de iniciar su intervención.

El ambiente se fue calmando y los vecinos mostraron respeto por el debate político. Salvo alguna excepción permanecieron en silencio y optaban por aplaudir y abuchear al final de las intervenciones. Un coro entremezclado de síes y de noes que no conseguía sobrepasar uno por encima del otro. Quizás la mayor afluencia de contrarios a la fusión ganaba este duelo, pero también es cierto que la juventud, más presente en este bando, permitía un tono de voz mucho mayor y un cansancio menor a la hora de aguantar de pie.

Algunos asistentes hicieron sus pinitos en manualidades y lucieron carteles hechos a mano. «Cerdedo non é propiedade do PP» o «Cerdedo non se vende» eran sus lemas.

«Eu quero que se fusionen os dous concellos. É algo bo para todos. Todo o que sexa crecer está ben», comentaba Antonio, sentado junto a sus conocidos en el vestíbulo convertido en parlamento. A escasos metros, María se desmarcaba en sentido contrario. «Cotobade non necesita fusionarse con ninguén. Xa levei moitos desencantos políticos como para apuntarme outro», afirmaba.

El pleno avanzaba y la gente continuaba acercándose hasta la casa consistorial. El vestíbulo se comenzaba a quedar pequeño y afuera, entre cigarros y corrillos continuaban las conversaciones. Una mezcla de opiniones entre jóvenes y mayores, que, pese al ruido, todo acababa en el verbo asumir, pues la mayoría absoluta del alcalde, le permitiría aprobar el inicio de la fusión.

Al momento de la votación los ánimos se caldearon. «¡Burro!», gritó un asistente cuando Cubela preguntó qué votos a favor convergían en la mesa. Gritos, abucheos y aplausos. Algún encaramiento dialéctico y constantes reclamos de silencio. «¡Deixade falar, tede respecto!», gritaba una espectadora en esta recta final.

María del Carmen Pousada, Carmucha, también pedía respeto. «Unha cousa e pensar diferente, iso pasa en tódolos lados, pero outra cousa é que non deixen falar ou acabar. Os que estamos con Jorge non facemos ruído cando os outros falan», opinaba.

La votación termina. Muchos asistentes levantan la mano, quieren hacer sus propias cuestiones y reclaman la palabra. Jorge Cubela cede la primera intervención al líder del BNG local, Anxo Santomé. Este le recrimina el oscurantismo y se posiciona en un claro y obvio no a la fusión. Es una intervención larga, Cubela le contesta y los aplausos corren para unos y para otros.

Otro vecino le recuerda que está a favor de la fusión, pero no en estas condiciones. Salta al ruedo la pregunta concisa de quién será el alcalde de ese futuro ayuntamiento. «Queda moito para decidir iso», dice Cubela. «Xa o tendes amañado agora», le recrimina. Los aplausos se tornan en carcajada, hasta aquí ese tema, se decide pasar a otro.