Un grupo de cinco niños compone el jurado del concurso local de tapas
13 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El sabor, la presentación, el equilibrio, la originalidad. No son los atributos de un plato de alta cocina. Son los criterios elegidos por los cinco niños que componen el jurado del concurso gastronómico Cotobade en Tapas, que celebra hoy su última jornada.
No son cocineros experimentados, de hecho muchos de ellos se han adentrado en los fogones este mismo verano. Tampoco pretenden hacer carrera como chefs con estrella Michelín. Pero sí que comparten todos un entusiasmo sin igual sobre la gastronomía. Todos los alimentos les apasionan y el habitual recelo de la niñez por las verduras, por su cabeza no pasa.
Judías rehogadas con jamón y huevo. Podría ser la recomendación del chef de uno de los numerosos templos de la gastronomía que proliferan en España. Sin embargo, es el plato favorito de Iván Fraguas Porto, un joven de trece años que aspira a ganar un concurso de cocina a largo plazo porque «por ahora mi nivel no es suficiente», admite con humildad y ambición. Aunque trazas no le faltan, pues es todo un experto en la elaboración de su plato favorito, aprendido de sus progenitores.
Los mismos maestros tuvo Ana Buceta Armada, de 11 años y apasionada por la lasaña, una preparación que sería capaz de cocinar con los ojos cerrados. Sin embargo, para ella la cocina solo es un hobbie. Su carrera profesional ya la tiene decidida: «Quiero ser científica o política», afirma con rotundidad. Mientras tanto, disfruta enseñando a cocinar a sus amigos, a los que pasó el gusanillo por la gastronomía hasta el punto de convertirlos también en miembros del jurado. Es el caso de Lúa Yun Mouriz Vázquez y de Alba y Martín Ogando Eiro, de 10, 12 y 9 años respectivamente; que se iniciaron en los fogones este verano preparando postres en casa de su amiga Ana.
A la perfección en los postres, una de las comidas favoritas de los cinco miembros del jurado y con los que iniciaron su pasión por la cocina, llevó Lúa las tortitas, su elaboración estrella. Su vocación de fotógrafa la hace inclinarse por la presentación como criterio principal para elegir a la mejor tapa.
A comunicar también le gustaría dedicarse a Alba Ogando, que quiere ser periodista. Una profesión que tendría que compaginar con su trabajo en la cocina, pues todos los fines de semana le gusta ponerse el mandilón para cocinar canelones de carne, su comida favorita; o la tarta de la abuela que su madre le enseñó a preparar.
Su hermano pequeño, Iván Ogando, comparte también el gusto por la cocina y es todo un experto en guisos, a pesar de llevar unos pocos meses cocinando. «Quiero aprender más», advierte el joven Martín, que podría, en un futuro, regentar el primer restaurante con estrella de Cotobade.
Un sueño que comparten los padres de todos los participantes. «Cualquier domingo ya nos hacen ellos la comida», bromeaban a la vez que confirman que desde pequeños sus hijos mostraron interés por la cocina.