Fusión electoral


Los partidos políticos difunden cada día, a primera hora, un argumentario que, además de servir para posicionar a los cargos de turno ante las cuestiones de actualidad, desarrolla las ideas fuerza que les interesa colocar. Algunas de esas apuestas centrarán el menú de las tertulias radiofónicas y debates televisivos. Y las más incisivas acabarán recicladas como carnaza para el pasto de las redes sociales, lo que les garantizará recorrido en los medios tradicionales. Uno de los ganchos que cazó más titulares en la pasada legislatura fue el de la fusión de municipios.

La propuesta lo tenía todo para dar que hablar. Plantear una parcelaria administrativa en un país en el que poco hay más sagrado que un marco era un caramelo demasiado goloso. Y lo sigue siendo, a pesar de que en aquel fervor unificador promovido por el Gobierno autónomo solo prendió la alianza de Cerdedo y Cotobade. Que no fue poca cosa, habida cuenta del escaso entusiasmo que ese tipo de matrimonios despierta entre nuestros alcaldes. En un sondeo realizado por La Voz en diciembre del 2011 entre los por entonces todavía 315 regidores gallegos, solo 60 se mostraron favorables a fusionarse. Entre ellos figuraba el regidor compostelano en aquella altura, Gerardo Conde Roa.

Siete años después, Martiño Noriega anima la precampaña del 26M con una idea que ya lanzó en el 2015. Es un planteamiento de cajón. La mayoría de los vecinos de O Milladoiro, Cacheiras o Bertamiráns pasan más tiempo en Compostela que en sus municipios de residencia. Pero las resistencias serán numantinas. Quienes la respaldaron en su día la rechazarán hoy, y viceversa. Está en los argumentarios.

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