El Houdini de sangre azul

Por Espe Abuín

BUEU

Ocho tentáculos para servir á feira, en caldeirada, a la brasa... El pulpo no puede faltar en verano. De eso se ocupan las 1.404 embarcaciones autorizadas a pescar el cefalópodo en galicia. La mayor flota amarra en Bueu. El «Nuevo Carolay» también

17 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Rey del escapismo, príncipe del estío y aristócrata de la bajura gallega. Es el pulpo, ese Houdini de sangre azul capaz de colarse por un agujero de escasos centímetros y que, sin embargo, sucumbe ante una nasa en la que ha entrado seducido por el suculento bocado que supone la xarda. Tras cinco semanas desaparecido -al menos en la teoría que impone la legalidad-, el pulpo gallego ha vuelto a exponerse en lonjas y mercados, justo a tiempo para deleitar, en verano, a propios pero, sobre todo, a extraños.

Galicia entera es cuna de pulpo, pero es en Bueu donde el cefalópodo despliega toda su prosapia. Su séquito lo componen 90 embarcaciones, que cada día se afanan en llenar hasta el máximo permitido los capachos en los que acumulan sus capturas. Desde hace cinco años, José Manuel Dios Otero es uno de esos que le rinden pleitesía. Armó con ese propósito el Nuevo Carolay. Y desde entonces, cada día, dos horas antes del orto, se hace a la mar desde el puerto de Bueu, para regresar 120 minutos antes del ocaso. Madrugón obligatorio, más en verano que en invierno. «Agora saímos ás cinco da mañá». El plural es porque Dios Otero trabaja mano a mano con Manuel Vidal Patiño, Manolo. Aún hay una tercera persona enrolada en el barco, la mujer de José Manuel, que hoy [el miércoles] no ha venido «porque onte fixo vento, mareouse e hoxe non quixo volver».

Así que la única compañía de José Manuel y Manolo son esas ratas aladas que son las gaviotas en busca de comida. Cada día es lo mismo. Nada más llegar al caladero, toca recoger las nasas que deberían estar repletas de capturas tras haber quedado toda una noche en el mar. ¿Repletas? «Bueno, podía ser mellor», dice el patrón del Nuevo Carolay sobre cómo está resultando la campaña. «Hai bastante menos que outros anos». A media mañana llevan ya alijados unos 70 kilos, pero esperan alcanzar los 120 antes de regresar a puerto. Es el tope diario que tienen autorizado: 30 kilos por tripulante y 30 más por la embarcación.

Mecánica repetitiva

Izar la nasa, abrirla, retirar las capturas -si es que hay suerte y las hay-, matar el pulpo, limpiar la nasa, encarnar -con cabalón- y estibar el aparejo. Así otras 309 veces más, el número de nasas que lleva a bordo el Nuevo Carolay. Claro que, durante la jornada laboral, los aparejos se vuelven a largar y a recoger, con lo que la mecánica de la operación se repite otras 310 veces. «A maioría dos barcos están no porto ás dúas da tarde; nós, non regresamos ata as cinco», explica José Manuel Dios.

Poco después del mediodía han acabado de recoger todas las caceas, que largarán de nuevo antes de hacer un alto para comer algo. Dios Otero, hijo y nieto de oriundos de Ons, almorzaba de plato todos los días en casa de su abuela, que aún mora en la isla. «Pero acortaron o horario e agora teño que conformarme con comer un bocadillo no porto», asegura.

caladeros

El Nuevo Carolay faenaba el miércoles al sur de A Onza, un islote que es a Ons lo que a la Tierra la Luna. Es una zona en la que «sempre hai polbo». No es extraño entonces que el virado de las nasas tenga que verse interrumpido de vez en cuando porque el aparejo propio se enreda con el ajeno. «Pasa todos os días. Somos moitos atrás do polbo. A de Bueu é a flota máis grande». Son muchos y, además, todos se conocen. El barco de Dios Otero se cruza con otro que se aleja del abrigo de Ons. Se saludan efusivamente mientras su colega se aleja en busca de una zona donde haya pulpos. José Manuel, que empezó de cero, ha aprendido a conocer las áreas: «O polbo non todos os anos está no mesmo sitio: hai que buscar, uns días tes sorte e outros non».

Poco a poco ha ido descubriendo cosas nuevas acerca del cefalópodo al que persigue. Dónde habita, cuáles son sus zonas preferidas, cuánto pesa cada pieza más o menos y hasta ha aprendido a predecir el tiempo observando sus costumbres: «Hai veces que, cando vai cambiar o tempo, o polbo aparece na nasa no lado contrario a onde está a comida. Está lañado, a cuberto. Ao día seguinte, teño por seguro que hai mal tempo».