«Sen as vendas da tenda non poderiamos levar o museo»

La Voz

BARRO

Lo de hacer números no es solo problema del Concello. Las personas encargadas del museo etnográfico que ahora alberga el castillo en su interior también tienen problemas para que cuadren las cuentas. Sin ayudas y sin apoyos de ninguna institución, pese a ser uno de los dos únicos castillos de la provincia, afrontan con ingenio los gastos de las exposiciones y de la limpieza.

Para Ilda Amoedo, Rafael González y Concepción González, sacar tres sueldos y euros para las muestras es complicado. «A cambio de xestionar o museo quedámonos co diñeiro das entradas, que subimos este año a un euro, pero case non da nin para pagar a seguridade social. Sen as vendas da tenda non poderiamos levar o museo», apunta Ilda Amoedo. A ello se unen los beneficios que sacan vendiendo licores y chocolate por las ferias, un trabajo que dista mucho de su pasión, la de recuperar el material etnográfico de la zona. «Pero hai que chegar a fin de mes, e parece que de cultura non se come», asegura Ilda Amoedo, que aprovecha el tiempo que pasa en el museo para trabajar con un telar antiguo. Los resultados de este complicado y antiguo arte, que allí fabrican en lino y algodón, son parte de los productos artesanales que se pueden adquirir en la tienda. También existen figuras de barro, joyas de plata, cestos, juguetes de madera y productos gastronómicos como miel o membrillo.

Las colaboraciones de los vecinos suponen una gran ayuda a la hora de montar las exposiciones. Sus préstamos y donaciones son los que le permiten organizar las muestras que tienen allí sobre oficios artesanales, vestidos para festejos típicos gallegos y otra indumentaria. Incluso tiran de pasiones particulares, como la de la ropa antigua, cuya colección privada cede Rafael González sin coste alguno.