En directo | La celebración fue por barrios En los alrededores de Panaderas se disfrutó ayer de tres modos diferentes de entender la fiesta
23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La ciudad parecía ayer un mercado. Cajas de sardinas por doquier inundaban las calles entre el humo de las brasas. De hecho, se podía elegir incluso el tipo de sardiñada al que asistir sin necesidad de recorrer más de una calle. Por ejemplo, en las inmediaciones de Panaderas había tres sardiñadas totalmente distintas en su organización pero con una misma razón de ser: celebrar San Juan. Eso sí, nada gratis. La primera fiesta, la más grande y veterana, es todo un icono ya en San Juan: la sardiñada popular de la plaza de España. Lleva ya desde 1977 la Peña David celebrando todos los años esta reunión que trasciende los límites del vecindario. Más de mil raciones de seis sardinas cada una se repartieron acompañadas del preceptivo pan y una jarra de barro que podía rellenarse de ribeiro hasta que el cuerpo se rindiese. Todo el lote por 5 euros, «para no andar con monedas», explica Manuel Santiso, uno de los organizadores. Una actuación musical, mesas y sillas por toda la plaza, un sorteo de dos conejos y dos pollos de corral y ayudas evidentes del Ayuntamiento y la Diputación, hacen de la plaza de España una de las citas más concurridas de la noche más corta del año. Muy cerca de la anterior, la Asociación de Hosteleros de la Barrera organizó, por primera vez, otra sardiñada digamos, mediana. Todos los locales de la calle menos tres decidieron poner una barra en el exterior donde vender 5.000 sardinas, con su brona, a un euro la pieza. La bebida debía adquirirse independientemente en cada bar y el pescado sobrante, si lo hay, irá a la cocina económica. Y para los clientes habituales, un detalle: un vale canjeable por sardinas. El tercero de los festejos, el más casero, tuvo lugar en la cervecería Dublín. Llevan ya nueve años montándolo con un éxito considerable. «La cola ha llegado hasta el museo» (de Belas Artes), cuenta Miguelón, que preparó las parrillas antes de actuar frente al local con su grupo La Rumba Oeste. La ración, cara pero generosa. Por once euros, seis sardinas, cachelos, pimientos y una botella de vino.