Adiós al pan que recomendaban los médicos: «Cierro porque estoy cansado de pelear yo solo»
A LAMA
Arjen Jaarsen dirigía Pandarán y elaboraba pan en su obrador de A Lama para un centenar de tiendas repartidas por las Rías Baixas, principalmente en Vigo y Pontevedra
16 nov 2022 . Actualizado a las 19:50 h.Arjen Jaarsen está tranquilo, a pesar de que en unos días dará carpetazo a treinta años de profesión. Pandarán, la panadería que puso en marcha en Moaña y que en el 2007 trasladó a A Lama ya no resiste más. Hace unos meses lanzaba un grito desesperado para no cerrar. Necesitaba recuperar un 20 % las ventas que se había tragado la pandemia. Se daba un ultimátum que esta semana será realidad. «No veo futuro en el sector, estoy cansado de pelear y de estar solo en la producción. Las ventas no han subido significativamente como para continuar con el proyecto», confiesa este holandés de 60 años que hace tres décadas llegó a España después de leer que Galicia era una de las zonas de Europa donde menos afectaba el cambio climático.
Hizo la maleta y aterrizó en las Rías Baixas con la idea de convertir su estilo de vida saludable en su profesión. Montó Pandarán, primero en Moaña, donde estuvieron los primeros años, y después en A Lama, a donde se trasladaron en busca de un obrador mayor para poder atender la demanda y, sobre todo, para estar en contacto con la naturaleza.
Con un centenar de puntos de venta en toda la provincia, muchos de ellos en la zona de Vigo y Pontevedra, Arjen vende su pan en tiendas Gourmet, fruterías, herboristerías o pequeños negocios de alimentación, que estos días se despedían con cariño a través de sus redes sociales. Los encargos no son suficientes para sobrevivir con el negocio y la decisión está tomada, aunque le gustaría que alguien se quedase con la panadería. «Estamos abiertos a todas las posibilidades, a un traspaso, a producir en otro obrador y hacer sinergias», explica Arjen que lo único que tiene seguro es que él apaga su horno de A Lama. María Boira, su expareja, sigue echándole una mano y describe cuál es su situación: «Nos da mucha pena tener que cerrar, pero es una especie de liberación porque él está solo en todo. Ahora se reducirán sus preocupaciones y tendrá la oportunidad de vivir otras cosas».
Subida de precios
La subida de precios ha dado la estocada definitiva a la panadería, que en los años de máxima producción consumía 120 kilos de harina diarios, mientras ahora llega a duras penas al medio centenar. «Para ser rentable y poder hacerlo una persona sola tendrían que ser 80 kilos. Llevamos cinco años bajando las ventas, parece que la gente ya no quiere estos productos saludables», advierte Arjen.
Él está solo en la elaboración diaria para todos esos puntos de venta. No tiene vacaciones y cuando las tenía, no eran de más de dos semanas. «Está en todos los procesos, ya solo le faltaba cultivar el trigo», comenta María, que lamenta que con este adiós se quedan en el camino un tipo de pan «que recomiendan los médicos». Las galletas de sésamo o el pan de pipas con levadura madre son su sello de autor, los dos productos que le han llevado a estar presente en decenas de tiendas que a partir del lunes se quedarán huérfanas. «Creo que se me acabará el material el viernes», apunta Arjen ante la avalancha de pedidos que llegaron en cuanto sus clientes supieron que cerraban definitivamente. «Está semana todo el mundo se volvió loco y duplicaron sus pedidos para poder guardarlos», explica María Boira, a la que le gustaría ver una continuidad en el negocio para que «sus clientes no queden colgados».
Arjen, sin embargo, piensa en el trabajo que tiene ahora por delante para cerrar la empresa. Sabe que le quedan unos meses para decir adiós de forma definitiva al proyecto con el que se enamoró de Galicia. No le preocupa lo que pueda venir después. Tiene 60 años y desde que hizo las maletas siendo un chaval sabe que hay que «vivir día a día». En su futuro solo hay una cosa clara: seguir en A Lama. Eso sí, hará un viaje de ida y vuelta para ver a su familia en Holanda.