Va a pactar un juicio y acaba en A Lama

Un camarero que trabaja a destajo compareció ayer en un tribunal para negociar una condena por antiguos robos pero la jueza aplazó la vista y ordenó su encarcelamiento


vigo / la voz

Un joven camarero, acompañado de su novia y su madre, fue ayer a su juicio por robo en la que su abogado negoció una conformidad de tres años de cárcel. Antes de cerrar el pacto, el letrado pidió en la sala que aplazase la vista para entregar unos informes de toxicomanía. La magistrada aceptó suspender el juicio pero ordenó el inmediato arresto del acusado y lo envío a la penitenciaría de A Lama como medida preventiva hasta que el juicio se celebre en octubre.

La novia y la madre no se lo podían creer y se quedaron desconsoladas. El joven se había rehabilitado de las drogas, rehízo su vida en Menorca y volvió a Vigo para trabajar como camarero a destajo hasta altas horas de la madrugada. Su destino parecía encarrilado pero ayer acabó durmiendo en una celda en A Lama. Su pasado era un lastre.

La titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo ordenó su encarcelamiento porque era un escurridizo acusado que no comparecía en las vistas. Ordenó su captura para asegurarse de que en octubre se sentará en el banquillo. Un furgón de la Guardia Civil lo recogió.

El abogado pidió un margen de tiempo para acreditar con un centro de rehabilitación que el joven estaba ahora limpio de drogas. En su día, no dejó que el forense le examinase y ahora necesita papeles para probar que dejó la droga. Si prueba que ya no es toxicómano, podría lograr que el tribunal le conceda la suspensión de la ejecución de la condena de tres años y un día. Pero, de momento, ya está pagando de forma adelantada su condena.

La cadena de robos se perpetró entre marzo y mayo del 2018 en uno o más garajes comunitarios de Baiona. La Fiscalía pedía inicialmente 4 años y medio de cárcel por un delito continuado de robo con fuerza y cinco meses más por resistencia a los agentes. Aunque su botín tenía poco valor, los daños a los coches oscilaban entre los 128 euros y los 465.

Según la Fiscalía, usó un destornillador para forzar la cerradura de un Renault Scenic y desvalijar su interior. Entre su botín figuraban tarjetas y carnés de socios de un sindicato, de una compañía petrolera, de un hipermercado, de una asociación automovilística y de una biblioteca.

Luego, presuntamente, rompió la ventanilla de un Peugeot 206 y se hizo con más botín, como una tarjeta del Sergas, un carné de conducir y 27 cedés y deuvedés. También fracturó la luna de un Alfa Romeo 156 para sustraer 5 euros en calderilla. Además, se quedó el casco de una moto.

Según la Fiscalía, el implicado volvió a actuar en abril. Rompió la ventanilla de un Citroën Jumpy que estaba aparcado en Baiona.

Tres semanas después, entró en otro garaje comunitario de la misma villa y fracturó un cristal de un Ford Fiesta para robar unas zapatillas, cinco paquetes de clínex, champú y desodorante.

Dio un nuevo golpe el mismo día al forzar un Seat Ibiza del que no obtuvo botín. Lo mismo ocurrió con un Mercedes Benz c200. Esa misma jornada saqueó un Ford Focus y se llevó dos euros.

Una semana después volvió a actuar con otra oleada de robos. Entró en el mismo garaje y desvalijó otro Mercedes Benz, del que se llevó diversos efectos de poca monta como un pendrive.

En las siguientes semanas, sustrajo un currículo de otro vehículo. A mediados de mayo, forzó cinco portales, en los que causó desperfectos. Ese día, la Guardia Civil le dio el alto pero él quiso huir hacia la Virgen de la Roca, aunque fue interceptado y libró un forcejeo con los agentes.

El implicado está limpio de drogas, logró empleo y la Fiscalía le acusa de saquear once coches

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