Solo seis polígonos de la comarca tienen aún parcelas desocupadas

Sanxenxo, Cuntis, Ponte Caldelas y A Lama cuentan con espacio en sus parques


pontevedra / LA Voz

La industria hace latir el corazón empresarial de la comarca, pero necesita un lugar desde el que bombear la economía local. La crisis ha supuesto un freno en un sector que con los años parece que empieza a desbloquearse. Solo seis polígonos del entorno de Pontevedra tienen parcelas desocupadas buscando a alguien que quiera instalarse. Mientras todavía hay posibilidades de tener suelo en los parques de Barro-Meis, A Ran, A Reigosa, la Central de Transportes, de Ponte Caldelas, O Recelo y Nantes, existen dos proyectos de ampliación para el polígono de Cuntis y de O Vao. La segunda fase de este parque pontevedrés arrancará con más de 22.600 metros cuadrados edificables entre la PO-531 y la autopista. En el caso del polígono de A Ran «está aprobado el documento urbanístico y en trámite de inversión para su desarrollo», señala Manuel Campos, alcalde de Cuntis, quien señala que a pesar de eso todavía tiene alguna parcelas libre.

En cuanto a los terrenos desocupados, el caso más sangrante de la comarca está en Ponte Caldelas, donde se levantan las áreas industriales gestionadas por Xestur. Junto a A Reigosa, con once parcelas a la venta, se proyectó la Central de Transporte. Este espacio tiene disponibles 41 parcelas. Desde su construcción solo consiguió vender una de 3.682 metros. El resto se ocultan bajo matorrales en busca de tejido industrial. Se levantó en el 2005 con la idea de atraer al sector de la logística, pero parece que no ha cuajado. Desde la Consellería de Infraestrutura e Vivenda señalan que además de esas 41 hay otras 18 destinadas a aparcamientos que han corrido la misma suerte.

Otro polígono con suelo a la venta es el de Barro-Meis, uno de los más nuevos y ambiciosos, pero que todavía tiene el 51% de sus parcelas libres. El parque tiene vendidas un total de 127.000 metros cuadrados de los 261.000 totales, lo que se traduce, según la Diputación, en una ocupación del 49 %. Este espacio tiene una particularidad sobre el resto, un vivero de empresas ocupado en su totalidad. A principio de mes, el organismo provincial firmaba los últimos seis convenios con emprendedores de distintos sectores para ocupar las oficinas y naves.

El alcalde de A Lama, Jorge Canda, reconoce que a pesar de tener uno de los polígonos más pequeños de la comarca todavía tiene tres parcelas libres en O Racelo. Los empresarios interesados en instalarse en la comarca tienen una última opción en el controvertido polígono de Nantes. «Todavía quedan cinco o seis parcelas, el resto tienen propietario y aproximadamente un 10 % son de bancos», señala Manuel Barbeito, portavoz de la junta de compensación. El próximo día 5 de febrero tendrán una asamblea en la que llevarán la aprobación de la propuesta del Concello de Sanxenxo por la que los propietarios tendrían que aportar 600.000 euros para sufragar los últimos retoques.

Sin hueco para emprender

El resto de polígonos de la comarca ya no tienen espacio libre, salvo que los actuales empresarios quieran deshacerse de sus naves. En Pontevedra, O Campiño ya no tiene suelo, y lejos de la ciudad, el de Castiñeiras, en Bueu, carece de superficie, al igual que el de Campo Lameiro. Por el momento no hay previsto la construcción de ninguno más en la comarca. El de Fragamoreira, en Poio, está paralizado por cuestiones burocráticas.

«Barro-Meis es perfecto porque está entre Pontevedra y Vilagarcía»

Hace apenas un par de semanas, Juan Carlos Martínez, impulsor de Paumar Technology, recibió una de las oficinas del vivero de empresas de Barro-Meis. Necesitaba un espacio para sacar adelante su proyecto. «Trabajo en un producto que dará calidad de vida a los enfermos de alzhéimer», señala. No solo para ellos, también para sus cuidadores. No quiere desvelar nada más de una iniciativa en el que lleva trabajando desde que se deshizo de su farmacia en Pontevedra. Este farmacéutico de profesión puso en marcha una empresa de I+D+i para sacar adelante una idea que le rondaba en la cabeza desde que vio sufrir a muchos personas cercanas por esta enfermedad. «Lo hacemos desde un punto de vista sanitario, buscaba hacer algo avalado por el Ministerio de Sanidad», explica José Carlos Martínez, que trabaja con empresas privadas y con organizaciones, como la Fundación Maragall o la asociación Reina Sofía. Las primeras fases de su proyecto las desarrolló por su cuenta, pero ahora tiene su sede en Barro-Meis. «Es un producto que se hace parte aquí y otra parte en Madrid, este polígono era perfecto porque yo vivo en Vilagarcía, pero trabajaba en Pontevedra», explica este farmacéutico. Desde que esta idea empezó a rondarle la cabeza, ha sumado a muchos profesionales a su «causa». Ahora solo queda presentarlo.

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