El Black Friday acelera la cultura del usar y tirar y arrincona a los talleres de reparación

A. Davila PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Taller de reparaciones de Corral, en la calle Arcebispo Malvar, de Pontevedra.
Taller de reparaciones de Corral, en la calle Arcebispo Malvar, de Pontevedra. Ramón Leiro

La escasez de recambios y el escaso margen de beneficio son los principales problemas

28 nov 2025 . Actualizado a las 19:51 h.

En plena oleada de Black Friday, escaparates y páginas web se llenan de ofertas en electrónica y electrodomésticos. Son los productos más esperados por los consumidores, que aprovechan los descuentos para renovar lo que ya tienen en casa. La fiebre por lo nuevo se impone y cada vez resulta más difícil que alguien se plantee reparar un aparato cuando se estropea. La cultura del usar y tirar se ha normalizado.

El mercado de las reparaciones sobrevive en algunos nichos, como el de ordenadores, móviles y tablets, donde han surgido establecimientos específicos que nada tienen que ver con las tiendas de reparación de electrodomésticos de toda la vida. Frente a ello, el sector tradicional de servicio técnico languidece en una espiral de ventas cada vez más complicada. El consumidor ya ha normalizado que el pequeño o gran electrodoméstico dure menos años que antiguamente y, lejos de buscar una solución a lo que ya tienen en casa, lo habitual es apostar por algo mas nuevo, más moderno y, se supone, también mejor.

En Pontevedra, los profesionales del gremio lo tienen claro. En Gaselec, en Paseo de Colón, señalan que el problema está en el precio de los recambios: «Los electrodomésticos de bajo coste se multiplican, pero las piezas siguen siendo caras. Muchas veces no compensa reparar. La gente ya ha asumido que los aparatos duran menos y buscan lo más moderno», sentencia.

En Servicio Pontevedra, en Jofre de Tenorio, añaden que lo último no siempre es lo mejor: «El cliente ya no se casa con nadie. Busca el recambio en Amazon y, si no saben cómo ponerlo, luego nos lo trae. Eso nos deja en una posición complicada», advierte su gerente.

Electrónica Martínez, en la calle Santa Clara, directamente ha dejado de reparar electrodomésticos. «No compensa. Los recambios son caros o inexistentes. Incluso las garantías de fábrica ya no contemplan en muchos casos la reparación sino que sustituyen el aparato por uno nuevo. No hace mucho un cliente vino por una televisión cuyo mando no funcionaba. Como no había recambio posible después de dos intentos, le acabaron cambiando la tele». Además, denuncian los plazos: «Cada vez hay menos proveedores y con poco stock. Los clientes no quieren esperar meses a que llegue una pieza», advierte.

En Corral, en Arcebispo Malvar, todavía encuentran trabajo en televisores de alta gama y en piezas de maquinaria industrial. «Ahí sí compensa reparar. Pero es un sector en el que no puedes despistarte porque los modelos cambian a una velocidad de vértigo. Antes el mismo modelo estaba años en el mercado, ahora cada marca saca dos o tres en un año», cuenta. Pese a lo complicado del sector, en Corral sí tienen trabajo. Son los seguros los que derivan muchos productos al servicio técnico, especialmente después de épocas de tormenta.

Futuro incierto

A este panorama en el que las renovaciones le están ganando ampliamente el pulso a las reparaciones, se suma un problema extra. Y es que todos coinciden en que no hay relevo generacional. En la mayoría de los casos, el negocio acabará cerrando cuando ellos se jubilen. En Servicio Pontevedra lo resumen con crudeza: «De Braun somos dos servicios técnicos en la provincia. El de Vigo ya tendría que estar jubilado y cuando no esté yo, no quedará nadie más». La reducción de servicios técnicos oficiales agrava la situación: «Antes había dos o tres por provincia, ahora uno o ninguno. Los aparatos se envían por correo a la marca», cuentan en Martínez.

El mercado actual de ofertas relámpago que está en plena vorágine estos días acelera esta tendencia. Los consumidores prefieren aprovechar las ofertas para estrenar aparato antes que esperar el tiempo necesario por una reparación incierta. Mientras tanto, los talleres de toda la vida se apagan poco a poco, atrapados entre el precio y la falta de los recambios y una sociedad que ha asumido que lo nuevo siempre es mejor que estirar la vida de lo ya conocido.