O Brasileiro, el hombre de negocios que huyó de Salvador de Bahía para ser tabernero en A Lama

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

ADRIÁN BAÚLDE

Tras sufrir varios atracos, Roberto, hijo de gallegos emigrados en Brasil, cruzó el charco para cumplir su sueño de vivir en Galicia. Así empezó su historia como empresario en Ponte Caldelas, A Lama y Fornelos

26 sep 2025 . Actualizado a las 19:07 h.

Corría el año 1977, con España aún con la democracia en pañales, cuando en la ciudad brasileña de Salvador de Bahía nacía un rapaz llamado Roberto Baqueiro. Su madre paría en un sitio que, visto con perspectiva, era un indicio de lo que pasaría cuando ese bebé se hiciese mayor: dio a luz en el hospital español de Salvador. Porque, como muchísimos otros gallegos, los padres de Roberto habían emigrado hasta Brasil. Y allí, aunque dieron el callo y se integraron, nunca dejaron de hacer piña y patria con sus compatriotas —eso que a algunos les parece tan mal ahora en España cuando los que se juntan para mantener su cultura viva son los africanos—. Roberto creció en ese ambiente, con los pies en tierra brasileña y la cabeza, e incluso el corazón, en Galicia. Venía casi todos los veranos a A Lama, a la tierra de sus progenitores. Entonces era un niño que corría libre y feliz por la parroquia de Xende. Y esa idea, la de ser libre en Galicia, le persiguió cuando dejó de ser un crío. Así que un día, volvió. Y, en Galicia, se convirtió en O Brasileiro, hombre de negocios en A Lama, Ponte Caldelas y Fornelos.

Roberto cuenta que la primera vez que se instaló en Galicia, más allá de los veraneos, fue en plena juventud. Pero le tocaba ir a la mili y no podía quedarse aquí, así que volvió a Salvador de Bahía, donde se había criado y donde seguía su familia. Pensó entonces que podía acostumbrarse a vivir allí y llegó a coger las riendas del negocio de hostelería y panadería de sus padres. Pero nunca se amoldó a la ciudad ¿Por qué? Por la inseguridad: «Sufrín varios atracos e dixen que non quería vivir máis alí. Non podía soportar esa presión, ese medo a que che roubaran todos os días», cuenta. Así que con treinta años hizo las maletas.

Se despedía de Salvador de Bahía e inauguraba una vida en ese pedacito de tierra del interior de Galicia llamado A Lama en el que guardaba los mejores recuerdos de su niñez. Al principio de volver a Galicia, tuvo primero un contrato en el Concello y posteriormente trabajó en una panadería que también tenía bar en A Lama, en el centro urbano. Pasaron los años y cogió el traspaso de ese negocio hostelero. Le cambió el nombre, de O Carrizo pasó a ser O Brasileiro: «Chameille así porque aquí en Galicia son o Brasileiro para todo o mundo»

«Pensaban que era no cárcere»

Cuenta que lo primero a lo que se enfrentó cuando, hace ahora unos quince años, cogió el bar de A Lama fue explicar que estaba en el pueblo y no en la prisión: «Cando dicías por aí que tiñas un bar na Lama a xente pensaba que estaba dentro do cárcere. Tiña que explicarlles que non, que estaba no pobo e non na prisión», indica. Lo convirtió en una bocatería con una especialidad: los bocadillos de jamón asado. Están tan buenos que ocho de cada diez platos que salen de la cocina son de esa vianda porcina y su salsa.

Con el tiempo, el negocio se fue ampliando. Abrió también una bocatería en Ponte Caldelas y una lavandería en Fornelos. Ahora, está en una fase de repliegue: «Tiven que pechar o bar de Ponte Caldelas porque era imposible atender a todo», cuenta. Así que a media mañana tanto él como una camarera, Almudena Vales, atienden el negocio de A Lama. Tienen bar y también un pequeño despacho de pan. En las mesas, vecinos de todas las edades: «Iso é o bo deste sitio, que ven xente de todas as idades, tanto veciños de A Lama como funcionarios do cárcere que veñen e van traballar. E tamén profesores do colexio», indica. Está contento con la marcha del negocio y dice que los fines de semana los reyes son los bocadillos. Siempre los de jamón asado.

De Brasil no mete nada en la cocina. Dice que así como en A Lama gustan los sabores mexicanos, no pasa lo mismo con la gastronomía brasileña: «Non triunfan, así que nos quedamos con todo o galego», señala. Él dice que tampoco echa de menos el país en el que nació y se hizo mayor, que a lo sumo añora las bondades de su clima. Pero no debe de ser del todo cierto, porque en las paredes de O Brasileiro sí cuelgan estampas de Salvador de Bahía: «Gústame velo, iso si. É moi bonito... pero para ir como turista», dice.

¿Se plantea regresar a Brasil? Rotundamente, no. Tiene ya a parte de la familia aquí y, aunque le quedan parientes allí, dice que cada vez le cuesta más ir. Y alude al asunto de la seguridad. Casado dos veces, con dos mujeres gallegas, y padre también de dos hijos, confía en jubilarse detrás de la barra en A Lama, convertido en un tabernero con retranca gallego, aunque el acento inconfundible de Brasil no lo pierda.