Mejillones y rosquillas en un San Benitiño que «nos hemos ganado»

paloma. f. gómez PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Pontevedra celebra el 11 de julio, día del santo que obra milagros en la piel

12 jul 2025 . Actualizado a las 04:49 h.

A las 10.30 horas la playa fluvial del río Lérez calentaba motores, pues debía prepararse para la jornada que tenía por delante: 11 de julio, día de San Benitiño de Lérez. Entre las mesas que terminaban de colocarse y el sonido de las tijeras del pulpeiro, llegaban los grandes protagonistas de esa mañana en la playa, los mejillones. Acompañados de una buena porción de empanada. «La tenemos de carne o de atún». Es tradición esperar en la cola para poder conseguir un buen plato. ¿El precio? Ninguno, las raciones son gratis, de ahí el gran éxito de esta combinación.

Casi al inicio de la fila, está Ramón Omil, rodeado de sus amigos. Juntos conforman un grupo de senderismo y se hacen llamar O galo andante. Rodeado por las risas de sus acompañantes, ya que «Moncho habla mucho», se presenta y cuenta que llegaron al monasterio de San Salvador de Lérez para la misa de las 10. «Venimos desde Marín, salimos a las 7 de la mañana y nos hicimos diez kilómetros. Nos hemos ganado los mejillones». Asegura que, aunque a la romería ya han venido en varias ocasiones, es la primera vez que participan en la tradicional mejillonada.

Un poco más atrás en la cola, un grupo de cuatro mujeres habla de forma animada. Son Loli, Carmen, Ortensia y Quiquina. Ellas, a diferencia de los anteriores, acuden a la playa fluvial todos los años. Cargadas con bolsas de plástico, Loli explica que vienen del monasterio «y compramos rosquillas». «No te olvides de los churros», le recuerda Ortensia mientras ríe y añade: «Como puedes ver, aprovechamos la mañana».

Cuando los relojes marcan las 12 en punto, y la fila casi llega a la entrada de la playa, comienza el desfile de personas para conseguir sus porciones. Mientras, frente a la carpa donde se preparan el churrasco y el pulpo, el grupo Dúos Pontes ambienta la mañana al ritmo de las gaitas.

Dejando atrás los mejillones, la celebración continúa a unos minutos de la playa, en el monasterio de San Salvador de Lérez. Allí, un reguero de gente y de puestos marca el camino a seguir hasta la entrada del monasterio. Entre carteles donde se anuncia que hay rosquillas, chorizos de Lalín o camisetas a 5 euros, se puede ver a muchas personas con pequeños botes de aceite. Una de ellas, Raquel, es la primera vez que acude a la romería, pero «como dicen que el aceite quita las verrugas y desde que soy mamá me salieron por todo el cuerpo, vengo a ver si San Benito me las quita».

Frente a la puerta grande del monasterio, una marea de gente escucha la misa de las 12 a través de los altavoces. No querían que nadie se quedase sin poder escuchar. 45 minutos después, entre velas que se consumen y el sonido de las campanas de fondo, San Benito abría el paso para dar comienzo a la procesión.