La creadora de la plataforma que lucha por los derechos sanitarios de los niños: «Non quero que ninguén viva o que eu pasei»
PONTEVEDRA
Tamara Campos levantó la voz para protestar porque no la dejaban acompañar a su bebé en una terapia. Esa fue la semilla de un movimiento llamado Loita que está cambiando protocolos sanitarios y que expande hacia España
02 oct 2023 . Actualizado a las 10:21 h.Tamara Campos (Pontevedra, 1981) cuenta una historia en la que seguramente se reconocerán muchas madres. Explica que es «desafortunadamente habitual» que durante el parto o en los primeros días de vida del niño se produzcan situaciones en las que la madre siente que se vulneran sus derechos sanitarios o los de su hijo. Por ejemplo, que no pueda realizar el piel con piel tras el alumbramiento o que no le permitan estar acompañada en una cesárea y estar con él tras la intervención. Dice que suelen ser cicatrices que se quedan grabadas en el alma de muchas mamás. Pero que pocas suelen protestar por ello. ¿Por qué? «Porque acabas de parir, tes un bebé e o que queres é marchar á casa e deixarte de reclamacións», explica. Pero las tornas están cambiando. Cada vez hay más madres que levantan la voz para reivindicar derechos sanitarios para ellas o para sus hijos. Y el Sergas les está dando la razón en gran parte de sus reclamaciones. ¿Por qué ahora no se callan. Porque hace unos meses, este mismo año, nació una plataforma llamada Loita que cada día une a más progenitoras —y también a algunos padres, aunque menos—. Ese colectivo nació, precisamente, de la impotencia, soledad y rabia que sintió Tamara cuando vio que no se respetaban los derechos sanitarios de su pequeño Roi.
La historia de la plataforma Loita es, en realidad, una historia de amor. Tamara tuvo hace un año a su tercer hijo, un niño llamado Roi. Ella, después de criar a sus dos críos mayores, no era una madre primeriza a la que le asustasen los lloros prolongados de un bebé. Por eso sabía que a su hijo, que se pasaba en llanto día y noche, le pasaba algo: «Empezamos a ver que tiña moitas intolerancias alimentarias. Todo o que eu comía sentáballe mal, cheguei a facer dieta só de arroz e polo para que non se retorcese de dor», explica. Cuando el asunto alimentario parecía encaminado, al pequeño le vieron deformidades en el cráneo. Tamara luchó y luchó para lograr una alternativa a la solución que al principio le daban: que el niño llevase un casco por un tiempo indeterminado. Tras buscarse la vida con una fisioterapeuta pediátrica en Lugo y muchos meses en los que ella misma aprendió a hacerle ejercicios a su hijo, al niño le dieron sesiones de fisioterapia en el Sergas, en Pontevedra. Y ella se topó con que no le dejaban acompañarlo durante las mismas. Por ahí no pasó. Su caso saltó a los medios, fue de despacho en despacho y logró su meta.
«Temos a razón»
Mientras eso ocurría, mientras Tamara levantaba la voz reclamando que cambiasen los protocolos, un aluvión de madres comenzó a arroparla y, también, a contarle historias similares. Se unieron y crearon una plataforma con el nombre que les salía de las entrañas: «Chamámoslle Loita porque ser nai é estar constantemente en loita. E metinme nisto porque non quero que ninguén viva o que eu pasei co meu fillo»», indica Tamara.
Se fueron haciendo fuertes y comenzaron las reuniones con el Sergas. Reconoce que al principio les sorprendía que los responsables de la sanidad gallega accediesen a muchas de sus pretensiones y que, primero en Pontevedra y luego en otras áreas sanitarias, comenzasen a cambiarse protocolos, por ejemplo, en el tema de los partos y las cesáreas. «Sorprendeunos ata que nos demos conta de que en realidade aceptaban porque todos os dereitos que reivindicamos para as nais e os nenos en realidade están recollidos todos en leis e en normas moi ben redactadas, pero non se cumprían. Unimos ás nais e agora somos imparables. Non poden pisarse os dereitos dos nenos ou das mulleres pola comodidade do sistema ou dalgúns sanitarios. E estamos vendo que hai moitísimos sanitarios, a maioría, que levan anos opinando coma nós».
Se emociona, camino de reunirse con un alcalde —están buscando apoyos en todas partes— contando que hay padres y madres desesperados que la llaman a las once de la noche y que Loita está prendiendo en otras comunidades. Está agotada. Pero sonríe pensando en la niña que fue y rescata una anécdota. Se acuerda de que por las noches sus abuelos ponían el telediario, ella lo veía y solía acostarse llorando por las injusticias que salían en las noticias. Entonces, dice: «Pensaba que era pequena e non podía loitar contra nada, pero que de maior o faría. E creo que esa nena agora estaría orgullosa».