La bendición de los ramos en 40 minutos

Serxio González Souto
serxio gonzález MEIS / LA VOZ

PONTEVEDRA

Paradela se interna en su Pascua escenificada con el debut del cura Edgar Emir

05 abr 2023 . Actualizado a las 15:15 h.

Subsiste, bajo capuchones y tallas en procesión, un poderoso significado ancestral en la Semana Santa. Al fin y al cabo, la Pascua hacia la que nos encaminamos no deja de ser el sacrificio del hijo de un dios, divino él mismo, así que el asunto no es ninguna minucia. Aclarado este punto, existen, en la liturgia católica, un buen número de formas de recrear aquel momento religioso fundacional. La mayoría de ellas, de una rigurosa solemnidad. En Santa María de Paradela, en el corazón de Meis, los últimos días de Jesús se escenifican desde hace mucho tiempo. Su registro más antiguo data del siglo XVIII. Se trata del acta de compra de un Cristo articulado de madera. Sin perder seriedad, la suya es, frente a otras manifestaciones teñidas de un triste tenebrismo, una conmemoración profundamente popular, alegre, en la que la espontaneidad desempeña también su papel.

Ayer se abrió la dramaturgia de Paradela con el Domingo de Ramos. A lomos de una burra, rodeado de sus apóstoles, Jesús recorrió los primeros pasos de un camino que el viernes lo llevará a lo alto del Monte da Croa, un antiguo castro donde será crucificado sin contemplaciones. Pero esto es andar demasiado rápido. De momento, el mesías disfruta de unos días entre los suyos. Eso sí, para verlo llegar y recibir la bendición de las ramas de olivo y loureiro y las palmas que portaban, sus fieles tuvieron que aguardar bajo el sol un buen rato.

El cura, Edgar Emir Méndez, acaba de llegar a O Salnés para hacerse cargo de siete parroquias. Su debut en esta Semana Santa de interés turístico comportó un retraso muy puntual, de cuarenta minutos de reloj, que los asistentes se tomaron con humor, al son de los pasodobles que acometió la banda de música para entretener al respetable. El interludio propició el intercambio de argumentos de alcance teológico —«non sei se haberá algo aí arriba ou non, pero ningún dos que foron volveu, así que non se debe estar mal»; «que queres que che diga, eu présa non teño»— en el bochinche, que era donde mejor se estaba, a la sombra y con un trago fresco entre manos. Mientras, el padre Edgar compensaba el despiste con una enérgica homilía que superó bien la media hora. Lo mejor está por llegar.