El gran amor que seguramente tuvo que ocultar la tía Josefina

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Josefina y Alejandro, que se casaron cuando ella tenía 19 años y él 31.
Josefina y Alejandro, que se casaron cuando ella tenía 19 años y él 31. Archivo de Roberto Mera

Natural de Marín y casada con el republicano Alejandro Viana, ella se quedó aquí mientras él, apodado el Schindler gallego, ayudaba a huir a miles de exiliados. Tuvo una vida de película

21 oct 2022 . Actualizado a las 19:25 h.

Gracias a un libro escrito por su sobrino nieto Roberto Mera, hace ya un tiempo que se conoce la historia de Alejandro Viana Esperón (Ponteareas, 1877-Ciudad de México, 1952), apodado el Schindler gallego porque, al igual que el cinematográfico personaje que Spielberg llevó al cine, él también ayudó a huir a miles de ciudadanos de las garras del franquismo y de los nazis (se calcula que estuvo detrás de la evacuación de unos 17.000 republicanos). Su trayectoria se narra en una biografía llamada Alejandro Viana. Un galego á fronte do rescate dos refuxiados republlicanos (Ediciones Belaua), que hoy se presenta en Marín (a las 20.00 horas, en el museo Manuel Torres, en un acto organizado por la Asociación pola Recuperación da Memoria Histórica de Marín.). No es un lugar ajeno a él. De Marín era su esposa, Josefina Dotras Fábregas, cuya vida, como históricamente sucede con la de tantas mujeres, es mucho más desconocida. Y no será porque Josefina, la tía Josefina para los suyos, no tuviese una historia de auténtica novela.

De la historia de Josefina Dotras hablan con soltura tanto el investigador marinense Celso Milleiro como el escritor Roberto Mera. Esta mujer nació en Marín en 1888, en una familia de origen catalán que, como tantas otras, habían venido a Galicia para triunfar en la industria de la salazón de pescado. Muy religiosa y conservadora como los suyos, con 19 años Josefina contrae matrimonio con Alejandro Viana, de 31 años. Él, que tenía unos orígenes muy humildes, se había labrado porvenir en Vigo, donde era el apoderado de una empresa de exportación de huevos, estaba bien relacionado socialmente y comenzó a desarrollar una intensa vida política en la Agrupación Republicana. De hecho, llegó a ser alcalde de la ciudad cuando dimitió Gregorio Espino.

Los primeros años debieron ser plácidos para el matrimonio. O quizás no tanto. Porque de lo que dejaron escrito en alguna postal o foto se deduce que iban a ser padres y que ese intento por tener hijos quedó frustrado. Fue ahí cuando la etiqueta de tía quedó para siempre unida al nombre de Josefina. Porque no tuvieron descendencia, pero adoptaron como suyos a seis sobrinos de Viana que se habían quedado huérfanos de madre.

 Su doble condición

Llegó el año 1936 y el Golpe de Estado cogió a Alejandro en Madrid, donde ejercía como diputado republicano. Él pasa allí la guerra y a su término se tiene que exiliar a Francia. ¿Y Josefina? Ella permanece en Vigo. Tiene que ir a A Coruña a pagar una multa de 200.000 pesetas —una fortuna para la época— para evitar el embargo de sus bienes. Roberto Mera tiene datos que apuntan a que, a partir de ahí, le tocó disimular; posiblemente incluso ocultar su amor por Alejandro. Algunos familiares le contaron al escritor que ella se las apañaba para llevarle café a los republicanos que defendían con barricadas los barrios obreros de Lavadores o Teis. Sin embargo, en la prensa de la época, Josefina, de buena familia y misa constante, salía retratada como benefactora del ejército franquista. Las hemerotecas recogen sus donaciones, en 1936, de vino o almohadas a las milicias de los sublevados.

Acabó la guerra y Alejandro se marchó a Francia, donde desarrolló una intensa labor para organizar la salida de miles de compatriotas que huían de las brutales represalias del régimen franquista. Él quizás pudo irse a Sudamérica antes de que el acoso de los nazis pusiese su vida en peligro. Pero prefirió resistir y seguir ayudando. Finalmente, con la Gestapo pisándole los talones, acabó embarcándose en un viaje infernal de casi un año de duración, en el que pasó por un campo de concentración en Casablanca e incluso sufrió un bombardeo. En 1941, por fin, desembarca en México.

Para entonces, lleva más de un lustro sin ver a Josefina que, mientras su marido huye de la represión franquista y de sus despiadados socios alemanes, ella, paradójicamente, colabora como auxiliar de enfermería de la Cruz Roja en Vigo en un hospital militar de los sublevados. Mera llega a la conclusión de que posiblemente la obligasen a ejercer esta labor, la realizase para evitar suspicacias o, directamente, ser señalada y perseguida.

El matrimonio, cuando él ya tenía una edad avanzada.
El matrimonio, cuando él ya tenía una edad avanzada. CEDIDA POR ROBERTO MERA

Porque lo que parece claro es que Josefina y Alejandro, compartiesen o no ideología política, seguían teniendo contacto por correspondencia y queriéndose. Llegaron a estar once años sin verse. ¿Por qué Josefina no se marchó a México en 1941, cuando él logró por fin desembarcar en el exilio sudamericano? Ahí entra otro factor que marcó y marca la vida de tantas mujeres: su madre estaba muy enferma y ella siguió a su lado hasta su fallecimiento, cuidándola. Es después, en mayo de 1947, cuando Josefina cruza el océano para reunirse con su esposo. En los papeles de inmigración se especifica, además, que ella va a México para estar con su marido, tal y como se puede ver en una vieja cédula que guarda como oro en paño el escritor Roberto Mera.

Un documento de Inmigración perteneciente a Josefina Dotras, que viajó a México para estar con su esposo.
Un documento de Inmigración perteneciente a Josefina Dotras, que viajó a México para estar con su esposo. Archivo de Roberto Mera

Poco tiempo tuvieron para disfrutar de su amor en las tierras mexicanas, donde Alejandro volvió a dar muestra de su carácter emprendedor y su visión empresarial, ya que regentaba una farmacia. Apenas cinco años después del reencuentro con Josefina, él fallece allí, en 1952, mientras en la España de la que tuvo que huir la dictadura está plenamente consolidada. Josefina regresa a España, a Galicia, y vive hasta el año 1975. Muere veinte días antes de que lo haga el dictador. Antes, se ocupó de traer los restos de Alejandro a Vigo.

Alejandro Viana junto a su esposa Josefina Dotras, en una imagen tomada en México, donde ambos se exiliaron

Alejandro Viana, el Schindler gallego que salvó a 17.000 republicanos

s. gonzález

Elevado por el ojo cinematográfico de Spielberg a categoría de icono, el empresario alemán Oskar Schindler, que salvó a más de un millar de ciudadanos judíos del holocausto nazi, simboliza el ejercicio de la solidaridad por encima de cualquier riesgo personal. Su nombre se identifica de inmediato y no es extraño que se aplique como etiqueta a la figura de Alejandro Viana Esperón (Ponteareas, 1877-Ciudad de México, 1952), diputado de Izquierda Republicana por Pontevedra que desde París ayudó a huir a miles de ciudadanos españoles (se calcula que unos 17.000) de las garras del franquismo y de sus despiadados aliados germanos. Su sobrino nieto Roberto Mera contribuye, ahora, a difundir su biografía a través del libro Alejandro Viana. Un galego á fronte do rescate dos refuxiados republicanos (Ediciones Belagua), que mañana se presenta en el auditorio de Vilagarcía.

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