Riadas devastadoras tras la ola de incendios en la provincia de Pontevedra
PONTEVEDRA
Vecinos, comerciantes y Concellos de las comarcas de Pontevedra y O Salnés pasaron semanas intentando evaluar y reparar los destrozos causados por las inundaciones más fuertes de la década
30 nov 2021 . Actualizado a las 09:04 h.El otoño del 2006 fue un momento complicado para las comarcas de Pontevedra, O Morrazo y O Salnés. Después de una oleada de fuegos forestales que calcinó enormes extensiones de la provincia en el verano, llegaron las lluvias del otoño y los suelos quemados, sin la protección natural de la vegetación, sufrieron un brutal proceso de erosión. Los ríos de desbordaron de su cauce y arrastraron un enorme volumen de troncos y ramas de los árboles muertos, así como ceniza en grandes cantidades. La consecuencia de esta tormenta perfecta, valga la redundancia, la padecieron las localidades que se encontraban junto a los cursos fluviales y en las desembocaduras de los ríos. El Umia, el Lameira o el Bispo, por citar algunos, causaron estragos en comercios, garajes y bajos de viviendas en Caldas, Vilagarcía, Marín o Bueu.
Hasta las mariscadoras de las rías de Pontevedra y Vigo vieron cómo morían los bivalvos en los bancos marisqueros porque a la caída de la salinidad por la anormal llegada de agua dulce de las crecidas de los ríos, hubo que añadir las cenizas que enlodaron el fondo de las playas y no dejaba respirar a los bivalvos. Entre las áreas más dañadas se encontraron los bancos del fondo de las rías, sobre todo en A Seca, en Poio, y en el canal de Lérez, en Pontevedra. El desastre más absoluto y sin paliativos se concentró en Riomaior, en Santa Cristina de Cobres. El banco marisquero más grande de Vilaboa se convirtió en un lodazal en donde era imposible caminar sin hundirse en el barro hasta casi las rodillas.
Retiradas las aguas de los cascos urbanos, llegó el momento de hacer cuentas de los daños. La Voz de Galicia elaboró un informe sobre los establecimientos comerciales e industrias afectadas. Un titular de hace quince años explicaba la situación de forma muy concreta para Pontevedra y su entorno: «Más de cien negocios recopilan datos sobre los daños de las riadas». El desglose era el siguiente. El Centro Comercial Aberto cifró en 45 asociados en Caldas más otra media docena no afiliada de comercios inundados. La villa caldense se llevó la peor parte en la provincia. El agua incluso dejó al centro urbano de Caldas sin servicio de farmacia durante tres días porque se anegaron las de las calles Laureano Salgado y Real. Como era de esperar se volvió a abrir el debate sobre el futuro de la presa de A Baxe, pero la Xunta descartó su demolición.
En Marín, se contabilizaron 30 negocios afectados, con una cifra idéntica para Bueu, donde hasta diez establecimientos de hostelería comprobaron la fuerza de un río Bispo que se salió de su cauce. En Bueu, se vio afectada la red general del abastecimiento y la villa se quedó sin agua potable más de 24 horas, circunstancia que también pasó en Caldas, aunque con cortes menos prolongados.
En Sanxenxo, el alcalde, Telmo Martín, atribuyó las obras en el río Baltar a que la repercusión en Portonovo fuese menor. Allí solo hubo que contabilizar un local y una nave de hielo. En Sanxenxo también se destacó que muchos propietarios de segundas viviendas llamaban al Ayuntamiento para preguntar por el estado de sus casas de veraneo. Los servicios de emergencia de la capital turística de las Rías Baixas inspeccionaron los distintos núcleos del rural y solo tuvieron que intervenir en dos chalés, uno en Montalvo y otro en Paxariñas.
En Poio, la crecida de los riachuelos fue tan fuerte en A Seca que causó grandes perjuicios en naves industriales, y también dejó malparada parte del entorno del río en Covelo, aunque aquí no tocase a locales ni viviendas. En Pontevedra, los comerciantes estimaban que el agua había entrado en una veintena de negocios y, una vez más, las inundaciones se repitieron en la calle Fernando Olmedo, todo un clásico en época de lluvias en aquellos años. Vilagarcía también sufrió desperfectos y la imagen de un río canalizado en el garaje de un edificio dio la vuelta a los informativos de las televisiones de toda España.
El impacto de las riadas en el sector servicios obligó a las Administraciones a brindar sus oficinas municipales para tramitar reclamaciones a los afectados. Las riadas, tan cerca de diciembre, también fueron una pésima noticia para muchos negocios, que daban por perdida la campaña de Navidad, ya que se les había estropeado con lodo y agua mucha de la mercancía que ya tenían en los almacenes.
Ocho carreteras cortadas
Las riadas provocaron el hundimiento de calzadas, o llenaron de barro y ramas otras muchas vías. Varios días después de las lluvias más intensas, La Voz de Galicia advertía a sus lectores que tuviesen cuidado al circular en coche en ocho carreteras de la provincia. Por ejemplo, un socavón en la PO-224 entre Ponte Bora con Barro; la PO-300 en Cambados; el acceso a la vía rápida de O Morrazo desde Cangas o un carril inutilizado en la N-541 en Cotobade.
Las crecidas de los ríos en noviembre del 2006 tuvieron un anticipo en octubre de ese mismo año, con fuerte repercusión en O Morrazo, especialmente en los núcleos urbanos de Cangas, Marín y Bueu. Como los bomberos de O Morrazo pasaron la factura por achicar agua de sótanos y garajes a las comunidades de propietarios, en la segunda oleada de inundaciones, muchos se abstuvieron de llamarlos. Eso sí, para que se hagan una idea de cómo fue la fuerza del agua, en la calle Santa Eulalia, en Cangas, cuando los vecinos lograron llegar a sus vehículos, se encontraron con la dantesca escena de coches montados de tres en tres.