Juan Lueiro, escritor y diplomático: «Quien diga que solo escribe de su imaginación es un  gran mentiroso»

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

El autor, que a día de hoy ejerce en Suiza, regresa con «La muerte en Lagos» al país donde fue cónsul general durante cuatro años

22 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Asume con aparente normalidad que lo suyo no es muy normal. Y es que, a fin de cuentas, como el propio Juan Lueiro reconoce que ser diplomático «es un trabajo que da mucho de sí para escribir y no muchos se atreven porque, si se piensa bien, es un oficio incompatible con la escritura. El diplomático siempre se ha caracterizado por hablar mucho y no decir gran cosa. En cambio, el escritor intenta llegar un poquito más allá de lo que tiene delante de sus ojos, trasladar emociones... Son, en cierto sentido, profesiones opuestas. El trabajo de diplomático te permite conocer cosas, escenarios y, sobre todo, personajes que tienen una potencialidad literaria tremenda. Es algo paradójico», señala el autor de La muerte en Lagos, al tiempo que recuerda a otros diplomáticos que han dejado una impronta literaria, caso del portugués Eça de Queirós o Fernando Schwartz.

-En su caso concreto, ¿cómo llegó a ser escritor?

-Mi trayectoria se inicia, obviamente, con la lectura y luego comienzas a escribir cosas pequeñas y sin intención de publicarlas, pero sí para desahogarte. Cualquier forma de expresión artística es un desahogo. Y, al final, a base de mucho intentarlo, consigues producir algo que transmite lo que tú quieres. Es algo que se aprende con la práctica y la lectura, escribiendo y leyendo.

-¿«La muerte en Lagos» nos traslada a un país, Nigeria, donde fue cónsul general?

-Sí, lo fui durante cuatro años hace casi diez. Es un país fascinante. Uno de los mejores lugares en los que he vivido, sin duda, pero también es un país muy desconocido y que transmite, a primera vista, ciertos estereotipos y prejuicios sobre como transcurre allí la vida. Muchas veces no se corresponden con la realidad. Desde luego, pasé un período fantástico, conocí a gente maravillosa, una vida cultural trepidante y una ciudad siempre al límite de una actividad frenética. He vivido en trece países, entre ellos en el que estoy ahora, Suiza. Si hay que buscar un opuesto a Nigeria es precisamente este. Lagos, que es la capital económica del país, tiene muchos más atractivos y mucho más interés que aspectos negativos, que son los que generalmente nos llegan por ser un lugar desconocido.

-La obra no solo se encuadra en la novela negra, sino en uno de sus subgéneros más descarnados, el hard boiled.

-Es un género peculiar dentro de la novela negra, en el que el centro de la atención no se sitúa tanto en el enigma o la trama, sino en la recreación de las situaciones, de los personajes, de los escenarios... Describe con mucha crudeza las cosas que ocurren alrededor de una trama. Sin embargo, no me gusta clasificar La muerte en Lagos como un hard boiled porque, realmente, no lo es. Aparentemente sí lo es porque cumple todas las exigencias de ese género, pero cumple también las de otros muchos. De hecho, las personas que lo han leído casi todas ellas me comentaron que al saber que era un hard boiled se sintieron como intimidabas y no les atraía, pero cuando lo empezaron a leer y profundizaron en la trama, y especialmente en el estilo de la narración, se sintieron tan atraídas que no fueron capaces de soltarla hasta terminar. Es una novela que se lee con facilidad. El hard boiled se caracteriza por ser una escritura desnuda, muy agresiva. En cambio, en La muerte en Lagos es muy fluida. El lector no se siente agredido. Es una forma de acercarse a este género de una forma mucho más amable y evocadora.

-De hecho, Julián Ibáñez, considerado como el maestro del hard boiled español, destaca en su prólogo a «La muerte en Lagos» que en esta novela se rompen algunas de las reglas de oro de este género.

-Sí. Escribió un prólogo emocionante. Que un maestro como él diga esas cosas de lo que tú has escrito, es emocionante. Y con mucha perspicacia, da en el clavo. Lo que marca la diferencia entre un hard boiled clásico y La muerte en Lagos es el estilo, que es mucho más amable y cercano a todo tipo de público. Cualquier persona puede leer eso a pesar de lo que se narra es duro y llegamos a sentir empatía por personas despreciables.

-¿Cuanto de su experiencia personal como diplomático en Nigeria hay en la novela?

-Cualquier escritor que diga que solo escribe de su imaginación es un gran mentiroso. Escribimos de lo que vivimos, de lo que leemos y de lo que nos cuentan. Ahora bien, hay que marcar una línea clara entre los hechos que ocurren en la realidad y los que transcurren en la novela, que es todo ficción. Esto no quiere decir que no pudiera haber ocurrido porque los personajes, los hechos, los escenarios... todo eso existe. Juntarlo todo y armonizarlo de la forma en lo que hice es una aportación mía. Los hechos ocurrieron, pero igual no fue en Lagos y sí en otro sitio. De hecho, hay muchas anécdotas que están en la novela que me ocurrieron a mí o que me han contado, pero que no transcurrieron en Lagos. También hay personajes que me he encontrado a lo largo de mi vida en otros lugares, pero los he colocado allí, en ese escenario, y todo lo que cuento es muy posible que hubiera podido ocurrir en Lagos, pero no fue así. Esa credibilidad que da el conocer el lugar donde se desarrollan los hechos está en la obra. Quien conozca Lagos sabe que es así y quien no lo conozca, se lo digo yo. Casi todos los personajes están descontextualizados, que se encuentran en Lagos por motivos de unos hechos, pero fuera de su contexto natural, de su entorno, y eso es lo que les lleva a actuar de forma chocante. Y eso es lo que les quita la máscara y los hace más atractivos al lector.