La boda naranja

PONTEVEDRA

RAMON LEIRO

La ciudad de Pontevedra fue temprano escenario probeta a escala local de la actual implosión de Ciudadanos como partido a nivel nacional

03 abr 2021 . Actualizado a las 19:51 h.

Imagino que en este trance que vive Ciudadanos, camino de inmolarse, habrá quienes como Goyo Revenga y María Rey mirarán la catarata de acontecimientos, fugas y traiciones en el partido naranja con una mezcla de ironía y lástima. Ellos dos y quienes siguen vinculados en Pontevedra a ese partido. También sus votantes y cuantos se entristecen por el destrozo de un proyecto necesario para amortiguar la polarización política del país.

Ciudadanos atrajo en su despegue a profesionales liberales, autónomos, pequeños y medianos empresarios, en suma, gente de a pie, de clase media, casi todos neófitos en política. Suponían un caudal de novedad y convergieron en una organización con escasa estructura, mínima militancia y un pensamiento centrista-liberal sazonado con un discurso muy contundente contra la corrupción que se vendió muy bien. Con ese escaso entramado logístico e ideológico, Ciudadanos creció como la espuma presentándose como un partido capaz de pactar a izquierda o derecha, para superar «dicotomías entre rojos y azules», como tanto proclamó Albert Rivera. Alguien que podría ser hoy en día vicepresidente de un gobierno de coalición con Pedro Sánchez y que tiró todo por la borda por una nefasta gestión de los resultados y una nula perspectiva.

Ciudadanos pareció una alternativa prometedora y limpia. Y está terminando su vida envilecido en luchas fratricidas. Es como el capítulo de la «boda roja» en Juego de Tronos. En este caso, la «boda naranja».