La boda naranja

La ciudad de Pontevedra fue temprano escenario probeta a escala local de la actual implosión de Ciudadanos como partido a nivel nacional


Imagino que en este trance que vive Ciudadanos, camino de inmolarse, habrá quienes como Goyo Revenga y María Rey mirarán la catarata de acontecimientos, fugas y traiciones en el partido naranja con una mezcla de ironía y lástima. Ellos dos y quienes siguen vinculados en Pontevedra a ese partido. También sus votantes y cuantos se entristecen por el destrozo de un proyecto necesario para amortiguar la polarización política del país.

Ciudadanos atrajo en su despegue a profesionales liberales, autónomos, pequeños y medianos empresarios, en suma, gente de a pie, de clase media, casi todos neófitos en política. Suponían un caudal de novedad y convergieron en una organización con escasa estructura, mínima militancia y un pensamiento centrista-liberal sazonado con un discurso muy contundente contra la corrupción que se vendió muy bien. Con ese escaso entramado logístico e ideológico, Ciudadanos creció como la espuma presentándose como un partido capaz de pactar a izquierda o derecha, para superar «dicotomías entre rojos y azules», como tanto proclamó Albert Rivera. Alguien que podría ser hoy en día vicepresidente de un gobierno de coalición con Pedro Sánchez y que tiró todo por la borda por una nefasta gestión de los resultados y una nula perspectiva.

Ciudadanos pareció una alternativa prometedora y limpia. Y está terminando su vida envilecido en luchas fratricidas. Es como el capítulo de la «boda roja» en Juego de Tronos. En este caso, la «boda naranja».

En las elecciones municipales del 2015, con un escenario político complicado para el incipiente partido, Ciudadanos consiguió un escaño en esta ciudad que sabía a gloria. María Rey entraba en el consistorio y, a pesar de su condición minoritaria en una corporación con cinco grupos políticos, logró hacerse un hueco y adquirir relevancia con una acción política diferenciada del PP y del PSOE y frente al BNG y Marea.

Sin embargo, Ciudadanos no aprovechó bien esa visibilidad. Enseguida se enzarzaron en disputas cainitas a propósito de la actuación de la concejala a la que se miró con lupa por si estaba apañando algún tipo de pacto o arreglo con el gobierno del BNG. Fue Fran Hervías, todopoderoso secretario de organización nacional de Ciudadanos (apodado «señor Lobo» como el personaje de Pulp Fiction) y ahora uno de los fugados al PP, quien entonces dictó sentencia exculpando a María Rey frente a las acusaciones de un sector de militantes. Fue un parche. Y anticipo de posteriores cismas. En el 2019 y apenas un mes antes de las municipales, Ciudadanos decidió relegar a María Rey subiendo a Goyo Revenga al póster electoral. Una faena que no impidió al óptico sacar un acta de concejal. Muy apurada, con dos mil votos. Pero aquello abocó la posterior salida del partido de María y de quienes le secundaron. Y prologó la marcha, meses después, del propio Revenga a quien purgaron por sospecha de amaño con el BNG con motivo de la aprobación de los Presupuestos Municipales del 2020. Lo más descojonante es que expedientaron a Goyo por supuesto transfuguismo los mismos que ahora saltan en desbandada de ese barco.

Consecuencia final: otra sangría y Revenga al grupo de no adscritos del Concello eliminando a Ciudadanos del paisaje municipal.

Colmenares, al cadalso

El alcalde Fernández Lores y su gabinete le ha cogido gusto a declarar personas «non gratas» y retirar honores. Han convertido esta suerte de acuerdos en pleno municipal, en un patíbulo por el que desfilan muy diferentes acusados. El expresidente del Gobierno de la Nación Mariano Rajoy abrió la lista de los penalizados por haber aprobado en consejo de ministros, con el gabinete en funciones, la actual prórroga que Ence tiene para seguir en Lourizán.

El rey emérito fue el siguiente. Castigado con la retirada de la placa con su nombre en la avenida principal del barrio de A Parda y otros honores municipales. El BNG aprovechó las imputaciones a Juan Carlos I -pese a que aún no están en ningún auto judicial- para lincharlo del callejero local. Con el inestimable apoyo de los cuatro concejales del PSOE. Por cierto, mientras en el Congreso de la Nación el presidente Sánchez y los diputados socialistas han votado por sexta vez en contra de abrir comisión de investigación alguna contra el anterior rey, a raíz de la segunda regularización fiscal.

El presidente de Ence, Ignacio Colmenares, será el siguiente al que se subirá al cadalso para su ajusticiamiento en el pleno municipal de mañana, a propuesta del BNG que nuevamente saldrá adelante gracias a los votos de los concejales del PSOE.

No deja de resultar chocante este afán jacobino en «cortar cabezas» mientras el Gobierno de la Nación anuncia, a través de la ministra de Transición Ecológica, la apertura de una mesa de negociación para tratar el futuro de la pastera. Un gesto que, de momento solo es eso, pero que ha rebajado notablemente la tensión.

Llevar esa declaración de non grato mañana a pleno, parece un ajuste de cuentas del alcalde y los concejales que sufrieron el reciente escrache que focalizan en el CEO de Ence al que culpan, junto con el Partido Popular, de estar alimentando ese clima de protestas. Protestas que finalmente condujeron a los representantes de los afectados hasta la mesa de la ministra Ribera en Madrid.

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