María exprime los secretos de las frutas

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

Volalla nace de la pasión de su creadora por lo artesanal. Supo convertir su afición a las mermeladas en un negocio al que puso ese nombre después de leer un poema de la poetisa gallega Francisca Herrero

04 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

María Muñiz disfruta entre frutas. Y cada día que pasa sabe más sobre los secretos de cada una de ellas. En la finca de su casa hay kiwis, naranjas, frambuesas, ciruelas, mirabeles y algunas manzanas. En su cabeza es capaz de combinar esos sabores como si de una ecuación química se tratase para una vez envasados ofrecer unas mermeladas artesanales que cada vez tienen más cabida en las tiendas gourmet de Galicia y en otras negocios donde se mime su producto. Volalla nació así, de la pasión de una mujer que probó suerte en su obrador cuando tenía que estar pensando en la jubilación. Sin embargo, basta hablar con ella unos minutos para descubrir que a María lo de la vida contemplativa no le va. Es un torbellino de ideas que está en todas las fases de sus elaboraciones.

Desde la finca a la estantería de las tiendas no hay nada que se le escape a esta apasionada. «Ahora estamos preparando la naranja sanguina con Oporto», dice nada más empezar la conversación. Porque en el obrador de Volalla, la producción se mueve en función de la temporada y de la cantidad que ella pueda asumir. «Hago mermeladas con o sin azúcar y dulces de membrillo. Empecé porque tenía excedente de fruta y antes de eso ya veía como mi madre hacía mermeladas», explica Muñiz Martínez, que recuerda que cuando le comentó a su familia que iba a dedicarse a hacer mermeladas «mi marido me decía que era una locura». «Igual sí, pero en mi casa ya me conocen y cuando se me mete algo entre ceja y ceja, lo hago», comenta con humor María. Hasta ese momento solo repartía su producción entre su familia y amigos, pero todos le animaban a dar un paso más y distribuirla. Así que esta pontevedresa se informó, montó un obrador y se puso manos a la obra. Lo primero era encontrar un nombre comercial. «Quería un nombre en gallego y dentro de los insectos, que me atraen por la polinización, me gustan las mariposas, pero bolboretas era un nombre muy repetido», explica María Muñiz, que en ese momento se topó con Francisca Herrera, una poetisa gallega que escribió Almas de muller, ¡volallas n’luz! .«Y desde el principio me encantó», reconoce esta repostera, que una y mil veces tuvo que explicar el origen del nombre comercial de sus mermeladas.

Probar sabores

De esto pasaron tan solo seis años y sus productos están en las estanterías de tiendas gourmet, fruterías o alojamientos turísticos de Pontevedra, Vigo, Santiago o Lugo. Desde el principio huye de las típicas mermeladas de frutas, ella ha optado por hacer mezclas y probar su sabor para saber si sería o no vendible. Entre la oferta hay de kiwi y nueces, naranja y kiwi, albaricoque al albariño, cereza con mango, tomate, caqui y mandarina, higo y pera con nueces, calabaza y naranja o compota de manzana. A todos le encuentra su encanto, pero no siempre es así. A veces las pruebas no le convencen. «Hice una de manzana con pasas que no me convenció, pero seguramente tenga que hacerla otra vez», señala María Muñiz, que además de su intuición se documenta para equilibrar los sabores, al igual que cumple con las exigencias de la Xunta para los productos artesanales. «Mis mermeladas tienen menos de un 40 % de azúcar, cuando las normales están entre un 60 y un 70 %, son 100 % naturales», comenta esta repostera, que asegura que sus productos hacen una combinación casi perfecta con los yogures naturales.

Mucha de su producción sale de su finca, son productos ecológicos, pero el resto de frutas para dar salida a la demanda que tiene las compra. «Los arándanos los traigo de Horticina, una plantación de 45 hectáreas que hay en O Barqueiro, en Cerdido», explica esta mujer, que antes de comercializar sus mermeladas tenía otra profesión que nada tienen que ver con el mundo de la gastronomía. Primero conquistó por el paladar a sus amigos y ahora lo ha hecho con sus clientes. Le ocupa todo el día, pero reconoce que la pasión por las frutas es tal que no lo siente como una obligación, sino como una devoción, que se ha convertido en una fuente de ingresos. Y solo se pone los límites que marca la naturaleza.

Un poco de historia.

Macera las frutas durante 24 horas, las envasa y etiqueta. María Muñiz cubre todo el proceso de elaboración de sus mermeladas y membrillos. Ella pela las frutas, las pone a macerar con azúcar y acaba de preparar el producto. Una vez hecho, lo envasa y es ella misma quien las etiqueta en su obrador y las distribuye por las tiendas gourmet de Galicia y por los negocios de hostelería con los que trabaja. Esta última pata de su negocio está ahora algo inestable por la pandemia, pero espera que vuelvan con la misma fuerza que tenían hasta ahora. Aunque le puedan echar una mano, solo ella se encarga de cuidar cada detalle desde que sale del árbol hasta que llega a la bolsa del cliente.