Cuando Combarro se estremeció de miedo

Ezra Godden, Raquel Meroño y Macarena Gómez, protagonistas de «Dagon. La secta del mal», el testamento cinematográfico de Paco Rabal, rememoran «el rodaje más difícil» de sus carreras


Pontevedra / la voz

Aprendió a maldecir en castellano, y junto a sus compañeras de reparto, tuvo ocasión de trabajar con Francisco Rabal en lo que fue el testamento cinematográfico del actor murciano. Hace veinte años, entre finales de noviembre y principios de diciembre del 2000, las calles de Combarro, en el municipio pontevedrés de Poio, se adentraron en los terroríficos mundos de H. P. Lovecraft al transformarse en el plató de Dagon. La secta del mal, película, hoy en día, considerada de culto en Estados Unidos.

«Tengo muy buenos recuerdos de Dagon, a pesar de que fue el rodaje más difícil que he experimentado», rememora Ezra Godden para La Voz. «Era el invierno del 2000 al 2001 y mi personaje estuvo empapado durante casi toda la película. Estábamos mucho en exteriores, así que siempre tenía mucho frío. Llegaba al trabajo y lo primero que hacían era ducharme con una manguera».

Sus palabras son secundadas por su pareja en la ficción, Raquel Meroño. «Mi recuerdo de aquel rodaje es increíble», apunta la actriz madrileña, al tiempo que incide en que «fue muy duro porque rodamos en invierno, siempre mojada y pasé un frío helador». En este punto, no duda es destacar el hecho de que su papel en Dagon. La secta del mal le dio «la oportunidad de trabajar con Paco Rabal en la qué fue su última película y me sentía muy afortunada».

Hundimiento real

Especial también fue para Macarena Gómez, ya que «fue mi primer trabajo como actriz. Suponía la realización de un sueño. Además, que la película tuviera una première en Galicia y pudiera venir a verme mi familia gallega fue muy emocionante para mí».

Lo cierto es que a las condiciones meteorológicas que se registraron aquellos días, se sumó la apuesta por la verosimilitud del director Stuart Gordon, quien falleció el pasado mes de marzo a los 72 años. De este modo, Ezra Godden alude a que, en un momento del rodaje, «Stuart hizo unos agujeros en la zódiac que Raquel Meroño y yo usamos para intentar llegar a la orilla, así que cuando nos vean hundiéndonos en esa escena, es que realmente nos estamos hundiendo. Fue divertido, pero una locura porque estábamos en medio del mar».

En todo caso, reconoce que durante la filmación «hice tantas acrobacias como me permitieron, porque realmente disfruto las cosas físicas».

Eso sí, no duda en dejar claro que «la escena final fue la más difícil de filmar porque tenía varios tubos conectados operando la sangre y las branquias y estábamos bajo el agua. Había buceadores de seguridad para el oxígeno, pero seguía olvidando cuáles eran las señales manuales para comunicarme con ellos».

Más escatológica, a la par que dura, es la anécdota que recuerda Macarena Gómez: «Para la escena en la que estoy en la cama con todos los tentáculos saliendo de la parte inferior de mi cuerpo, no me pude mover de allí en 16 horas. ¡Me tuvieron que traer un orinal para poder hacer mis necesidades!».

Echando la vista a dos décadas atrás, Godden deja muy claro que «amaba al elenco y al equipo, la mayoría de los cuales eran españoles». A fin de cuentas, «me enseñaron a maldecir y a pedir café entre toma y toma, así que aprendí un poco del idioma».

De aquellas jornadas, se queda con la confraternización que existía, de tal modo que «todos salíamos a cenar con la mayor frecuencia posible y Stuart era un excelente narrador. Él y yo permanecimos unidos y trabajamos juntos varias veces».

También Raquel Meroño reconoce que, pese a la dureza de este rodaje, es algo que recuerda con cariño: «Disfruté mucho de ver los maquillajes y de trabajar para Filmax en una de sus películas de la Fantastic Factory. Siempre estaré muy agradecida de que contaran conmigo».

Lo cierto es que el rodaje de esta película trastocó durante unas semanas la vida rutinaria de Combarro, que se transmutó en Imboca, un pueblo en el que sus habitantes, para desgracia de los protagonistas, adoran a una monstruosa deidad marina, la que da nombre al film. Basado libremente en el cuento La sombra sobre Innsmouth, de H. P. Lovecraft. En estos veinte años, la película ha trascendido el celuloide para ser, incluso, objeto de artículos académicos, como el firmado por John D. Sanderson, de la Universidad de Alicante, y titulado The shadow over Galicia: H. P. Lovecraft's obsessions resurface in the film adaptation of Dagon.

Esta fue la segunda de las nueve películas que la Filmax produjo a través del sello Fantastic Factory, toda una apuesta por impulsar la serie B en España, que, sin embargo, no tuvo los frutos deseados. Está considerada unánimemente como la mejor de todas ellas y explica, en gran medida, que haya adquirido la condición de película de culto en Estados Unidos,.

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