«Foi o peor comezo de curso da miña vida e enfrontámonos a un ano duro»

Desde los institutos reconocen una vuelta a la rutina con «tristeza»


pontevedra / la voz

Pocas palabras, algún que otro temor y orden, mucho orden, marcaron la vuelta a las aulas más polémica e improvisada de la historia reciente. Los continuos cambios de la Consellería de Educación tiraron por la borda la planificación de los equipos directivos hasta el punto de que las protestas de padres y alumnos a la Xunta llegaron hasta la víspera. Este comienzo también ha sido escalonado para que en muchos centros no coincidiesen centenares de alumnos, pero quienes ayer estuvieron a pie de campo reconocen que «foi o peor comezo de curso da miña vida e enfrontámonos a un ano duro».

Los miedos no los ponían ayer solo los alumnos, los directores pasaron una mañana complicada, como no recordaban en toda su vida profesional. «Temos os nervios de que todo vaia arrincando ben», apunta Carlos García, director de IES Luis Seoane, que reconoce que lo más duro fue ver cierto temor en los alumnos. «Os notei extremadamente calados, pensei que habería a mesma alegría doutros anos». Desde el IES Valle Inclán, su directora, Pilar Freitas, está en sintonía con él: «Antes isto era unha ledicia, xuntábamos a tódolos nenos e lle dabamos a benvida. Podo dicir que levo máis de 30 anos dando clase e nunca vin un comezo como este».

Cerca de seis mil jóvenes (1.866 de la ESO y 4.040 en bachiller) vuelven estos días a una rutina que hacía más de seis meses que no tenían. Algunos lo harán en horario de mañana y otros, de tarde y semipresencial, como le ocurre a los alumnos de bachiller de muchos centros, entre ellos el Sánchez Cantón, que hasta la víspera se manifestaron ante la delegación de la Xunta en Pontevedra contra la semipresencialidad en la docencia. Pidieron 39 profesores y recibieron solo 22, lo que les llevó a salir a la calle para pedir una enseñanza en igualdad de condiciones con sus compañeros de otros centros. Ellos también volvieron ayer a las aulas en medio de este malestar. «Quedan aínda por diante moitos días de pouco durmir, temos moitas incidencias que solucionar», dice Freitas. Hoy no son tantos los que respiran aliviados, son más los que ven que aquí se inicia un camino que no saben cuando acabarán y lo espinoso que será. «Traballamos moito para que isto funcione, pero levo 13 anos nesto e nunca o vivín con tanto estrés», apunta David Alvariño, director del IES Frei Martín Sarmiento. Las alfombras de desinfección, las marcas en el suelo, las mamparas y la distancia social marcará la docencia del curso que arranca. Pero, ¿qué pasará cuando tengan que pasar una cuarentena? Pues de nuevo habrá improvisación. Este septiembre cuentan con los mismos medios que había en marzo. «Na Xunta aínda están estudando poder dar as clases por estreaming, pero xurídicamente non é fácil», explica Carlos García, que asegura que la teoría es muy fácil, pero hay que bajar a la realidad para saber qué ocurre. «Voltar á casa pode ser una desmotivación máis para estes rapaces», sostiene el director del IES Luis Seoane.

Los institutos de la ciudad continuarán hoy y mañana con las presentaciones y adaptando los centros a una «nueva normalidad» en la que se han encontrado solos.

Los contagios ponen en cuarentena a once aulas del área

 

 

Once aulas del área sanitaria de Pontevedra-O Salnés están en cuarentena después de que al menos uno de sus alumnos haya dado positivo por covid. Aunque en el balance diario de la Consellería de Educación aparece cerrada una de las clases del CPR San Francisco, de Vilagarcía, el centro ya trabaja con normalidad, según indicó su director en la tarde de ayer. El incremento de los colegios llega en una jornada en la que el área sumó otra vez medio centenar de casos positivos. Alcanza ya los 736 y mantiene el segundo puesto de las áreas de Galicia más castigadas por los contagios. El colegio Calasancio, que reabrió el lunes de forma escalonada, mantiene seis positivos y solo dos aulas cerradas, que son las de infantil de tres años. El Sagrado Corazón y el CEIP Barcelos tienen una y dos clases aisladas, respectivamente, después de que hubiese un contagio en el centro concertado y tres en el público.

La pandemia no escapa a las guarderías. La escuela infantil de A Parda lleva una semana cerrada, al igual que la de Vilaboa, la de la casa del Mar de Marín y la de Tenorio, en Cotobade. Sanxenxo también ha tenido que aplicar el protocolo covid en sendos grupos del CEIP Cruceiro y del CEIP Magaláns-Dorrón. Pese al aumento de aulas en cuarentena, hay una clase que ha vuelto a la actividad, según los datos facilitados por la Consellería de Educación. La escuela infantil Dalila, de Marín, que ayer tenía una cerrada, ya la tiene en funcionamiento, según el balance diario de la Xunta.

En total son once las aulas aisladas en el área con 31 positivos vinculados a centros educativos. Pontevedra reúne el 16 % de los contagios contabilizados en Educación, después de haber sumado desde el fin de semana cuatro nuevos cierres. Los 31 positivos son tanto alumnos como profesores u otros empleados de los colegios, aunque no todos obligan a decretar cuarentenas. Además de las once aulas cerradas, los contagios se extienden sin restricciones a otros tres colegios y escuelas de educación infantil.

El protocolo covid aprobado por la Xunta para las escuelas obliga a que cada caso confirmado dentro de las aulas ponga en cuarentena a toda la clase. Al menos serán diez días de aislamiento para los asintomáticos o con cuadros leves.

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