Neveras llenas contra las colas del hambre

La donación de comida a las entidades benéficas no cesa: les llegó ternera y cordero


pontevedra / la voz

La pandemia, nunca mejor dicho, se ha metido hasta la cocina. Y ha provocado escasez de alimentos en casas donde antes no la había, bien porque sus habitantes se quedaron en paro bien porque, si su situación antes de la alerta sanitaria era mala, ahora se ha vuelto asfixiante. Todo ello ha generado las ya conocidas como colas del hambre. Es decir, que cada vez sean más las personas que necesitan de la beneficencia para comer. Así, en el banco de alimentos de Pontevedra indican que les demandan un 20 % más de comida -por ejemplo, si antes necesitaban 5.500 litros de leche al mes, ahora precisan 7.000-. Y en el comedor social de San Francisco de Pontevedra también aumentaron los usuarios. Hasta ahí, la parte negativa. Pero hay una positiva: las donaciones de alimentos han aumentado sobremanera, y a las entidades benéficas llegan ahora alimentos antes poco frecuentes, como la carne y el cordero.

José Luis Doval, voluntario del banco de alimentos y una de esas personas que sufre cada vez que las estanterías se vacían y hay que limitar el reparto de comida a entidades como Cáritas u otras oenegés, respira con alivio cuando habla de las donaciones durante el confinamiento. «La verdad es que hubo muchas empresas y entidades que se portaron muy bien y nos llegó hasta carne de vacuno, pollo, pescado y muchas otras cosas más. Menos mal, porque las necesidades son muchísimas», dice. Ayer, recibió una donación más: los hombres y mujeres de la Brilat, que llevaron más de una tonelada de comida hasta el banco pontevedrés.

El banco de alimentos, precisamente, es uno de los que surte de comida al comedor de San Francisco, que a su vez también recoge todas las donaciones que se le quieran hacer llegar. El padre Gonzalo, alma máter del comedor, reconoce que los usuarios aumentaron, pero también lo hicieron las donaciones. «Se nos llenaron las neveras. Esa es la verdad, hay empresas que se vuelcan totalmente con nosotros y a las que le estamos muy agradecidos», señala. Cuenta como anécdota que desde la Xunta le llamaron para indicarle si les venía bien una donación de cordero. Por supuesto, aceptaron.

Igualmente, esta temporada, los usuarios del comedor -que ahora, debido al coronavirus, tienen que recoger la comida en táperes y no pueden comerla allí- pudieron disfrutar de helados u otros dulces «que aquí casi nunca se daban porque no había quien nos los donase». Y esta misma semana hubo reparto de bocadillos de jamón serrano y de trozos de queso: «No son cosas a las que nosotros estemos acostumbrados, aquí no solemos tener para dar jamón serrano, pero esta vez, por suerte, nos lo donaron», indica el padre Gonzalo.

A corto plazo, las reservas de las entidades benéficas están a salvo. La gran duda es el futuro. Porque, aunque vuelve la normalidad, para algunos la normalidad «es la pobreza cronificada».

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