Ocurrió en 1969: La Brilat se gana sus galones

Entre el 7 y el 12 de junio de 1969, el aeródromo de Rozas acogió un ejercicio de los ejércitos de Tierra y Aire en el que participaron más de 3.200 militares y que fue el bautizo de la brigada pontevedresa


Pontevedra / la voz

La niebla, la misma que, en ocasiones, obliga a desviar los vuelos que tenían previsto aterrizar en alguno de los aeropuertos gallegos, estuvo a punto de echar por tierra el bautismo de la Brilat como brigada aerotransportable hace algo más de medio siglo. «El comienzo del ejercicio hubo de diferirse, porque si bien Rozas quedó pronto libre de niebla no aconteció lo mismo en los aeródromos de La Coruña y Santiago, de donde procedían los aviones, helicópteros y tropas aerotransportadas, que iban a tomar parte en la acción», refería por entonces el corresponsable R. Vilaseca.

Presidido por el entonces general-director y jefe de la fuerza conjunta, Salvador Bañuls y Navarro, quien posteriormente formaría parte del consejo de guerra que en 1975 condenaría a muerte a las militantes del FRAP María Jesús Dasca Penelas y Concepción Tristán López, las últimas mujeres condenadas a muerte por la dictadura franquista -el Consejo de Ministros terminaría indultando a ambas-, se desarrolló, entre el 7 y 12 de junio de 1969, el ejercicio Azor I. Se trató de unas maniobras combinadas de los ejércitos de Tierra y Aire que movilizaron 41 aviones, tres helicópteros y más de 3.200 militares.

Para la joven Brilat, que había sido creada apenas tres años antes como integrante de la entonces llamadas Fuerzas de Intervención Inmediata, fue su primer aerotransporte. De este modo, aquellos días de primeros de junio se simuló la ocupación de un aeródromo y, paralelamente, la creación de una cabeza de desembarco aéreo en lo que sería un escenario de guerra convencional.

Fue un adiestramiento cargado del simbolismo propio de la dictadura, toda vez que el bando enemigo, que había invadido la Península a través de los Pirineos, como algo más de siglo y medio antes habían entrado los ejércitos napoleónicos en España, era identificado con el color encarnado, mientras que las tropas defensoras lucen el color azul y mantienen, cual galos, el reducto galaico: «Refuerzos de una poderosa potencia de ultramar han permitido el dominio marítimo y la superioridad aérea y el invasor ha pasado a una situación defensiva. La población civil es hostil al invasor, al que combate mediante guerrillas encuadradas por mandos militares», relataba R. Vilaseca.

Con el objetivo de asestar un golpe definitivo al invasor, se opta por romper el frente enemigo y liberar, en un primero momento, Lugo. En un compleja operación, conocida en ámbitos castrenses, como un envolvimiento vertical se busca ocupar una cabeza de desembarco aéreo en las instalaciones de Rozas. Y es aquí donde aparece la Brilat.

Pasado el mediodía, aviones de bombardeo convencional centran su ataque sobre el radar del aeródromo lucense, mientras que cinco helicópteros ligeros OH-13 realizan una misión de reconocimiento. Casi simultáneamente, recoge Vilaseca, los Saetas atacan las defensas antiaéreas y dos compañías de operaciones especiales toman la torre de control y se adueñan de las carreteras que confluyen en estas instalaciones para, acto seguido, cooperar en el ataque contra las baterías antiaéreas.

El cielo se llena de paracaidistas del Ejército de Tierra y zapadores que transportan los DC-3 que participan en este simulacro. Pese a ser un ejercicio, este no está exento de riesgo como comprueba en sus carnes el teniente Alonso, que tiene que ser evacuado por la Cruz Roja tras sufrir una distensión en un tobillo.

En este adiestramiento también participan helicópteros tipo UH-1B con capacidad para tres secciones de la compañía helitransportable de uno de los batallones del Regimiento de Infantería Isabel la Católica. «Los escuadrones 372 y 371 sitúan en Rozas a los elementos de la plana mayor del batallón citado, a la compañía de fusileros del mismo y a la batería de obuses 105/11 del grupo de artillería de la Brigada [de Infantería] Aerotransportable».

«Nuevas unidades de artillería y de fusileros van siendo transportadas para asegurar la ocupación del terreno y afianzar así la cabeza aérea de desembarco. Los aterrizajes, como al principio los lanzamientos de paracaidistas, son de una notable precisión», concluye la crónica de aquella jornada, en la que «las últimas operaciones se vieron ligeramente dificultadas por la lluvia».

Coronavirus

Hoy en día, la Brilat es una de las unidades de élite del Ejército de Tierra cuyos militares están volcados, por un lado, en la lucha contra la expansión del coronavirus y, por otro, preparándose, para integrarse en el contingente terrestre de la VJTF o Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad (Very High Readiness Joint Task Force) de la OTAN que liderará Turquía en el 2021. Precisamente, la pandemia del covid-19 ha determinado que este domingo la base General Morillo no luciese sus mejores galas al haberse suspendido los actos conmemorativos del aniversario del primer aerotransporte de la brigada.

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