Ni policías del visillo ni «jodechinchos»

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

Los flujos de vehículos procedentes de la Meseta en dirección a las Rías Baixas motivan una alerta lógica, pero no deben alimentar histerias fóbicas

07 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En este último fin de semana en fase 2 de la desescalada y a punto de entrar Galicia en la siguiente, probablemente se vuelvan a constatar nuevos flujos de vehículos procedentes de otras provincias y de la Meseta que vinieron a pasar el fin de semana a las Rías Baixas. Saltándose, por tanto, la prohibición de movilidad interprovincial e interautonómica que siguen vigentes. Al menos hasta mañana, lunes, en el caso de los desplazamientos entre las cuatro provincias gallegas, y por más tiempo aún en lo que concierne a la movilidad entre autonomías que no estén en el mismo nivel epidemiológico y fase de desescalada. Es decir, que persistirá la prohibición de viajar a Galicia desde Castilla-León y la comunidad de Madrid.

Sin embargo, la evidencia de que hubo y han seguido esas fugas de ciudadanos de otras comunidades que escaparon hasta Galicia incumpliendo el estado de alarma, es continua. Comenzó con la declaración del mismo, en aquel fin de semana de medidos de marzo. Hasta el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo verbalizó el malestar ante semejante episodio. Conforme ha transcurrido el plan de desescalada y se han aflojado los controles, los escapes se han recrudecido.

Pontevedra y Sanxenxo

El pasado miércoles, durante el debate en el Congreso de la nación para la aprobación de la sexta prórroga, el parlamentario gallego Néstor Rego puso el asunto bajo los focos. El diputado del BNG reprobó al Gobierno denunciando lo que definió como «presencia masiva de foráneos» en base «al testimonio de numerosos alcaldes». Rego que reclamaba la movilidad interprovincial, varias veces denegada por Moncloa, acusó al Gobierno de inacción. Llegó a decirle al presidente que «mientras en Galicia no se puede viajar de una a otra provincia, nuestras costas están llenas de madrileños».

El informe elaborado por periodistas de La Voz de Galicia publicado el viernes, concluyó de forma contundente que el tráfico de vehículos desde la Meseta hasta Galicia, se sigue incrementado pese a las prohibiciones vigentes. De modo progresivo en los dos últimos fines de semana, con Sanxenxo y Pontevedra, entre los seis destinos gallegos más visitados por los llamados «turistas del coronavirus» que han llegado a esparcirse por una treintena de concellos.

Una de las fuentes referidas en el citado informe son los aforos de tráfico del Ministerio de Transportes y la monitorización de teléfonos móviles. Dos instrumentos de control en manos del Gobierno gracias al estado de alarma que deberían haber bastado para evitarnos que el presidente Pedro Sánchez hiciera de tan mal actor al responder al diputado Néstor Rego aquello de «hablaré con el ministro a ver si está ocurriendo».

No hace falta: el Gobierno central y sus representantes en Galicia saben que hay esos flujos de escapadas y que los controles que se establecen por las fuerzas de seguridad son clamorosamente insuficientes para evitarlos.

Urge puntualizar que comparto la alerta por el riesgo que entraña el incumplimiento de prohibición de viajar entre comunidades que ya ha trascendido a la opinión pública. Es significativo el dato que se extrae de la encuesta entre lectores de la edición digital de La Voz. Hasta ayer sábado, de los casi 9.000 lectores que habían participado el 81% contestaron «sí» a la pregunta «¿Has notado la llegada de gente de fuera a tu localidad?».

No va más allá de la anécdota

Pero una cosa es la alerta y otra la histeria fóbica a los foráneos. Las denuncias de sospechas por presencia de turistas en diversas villas costeras, a cargo de «policías del visillo», no deben pasar de la categoría de anécdota. Si ha habido algún asomo de algo que pareciese un brote xenófobo contra los mesetarios, carece de predicamento entre nosotros. No tendrá más continuidad que los chistes en redes sociales a propósito de los jodechinchos y su incapacidad fonética para pronunciar «xantar», «raxo» o «Sanxenxo».