Coronavirus: concellos a la orden

Los ayuntamientos están teniendo que implementar con un mínimo tiempo de reacción las medidas preventivas que deciden la Xunta y el Gobierno Central


Esta pandemia nos está poniendo a prueba a todos en nuestra respectiva magnitud. Tanto a las Administraciones públicas como a los ciudadanos, pues las medidas de choque desplegadas, desde la declaración del estado de alerta a todas las demás que puedan devenir, serán menos efectivas sino cuentan con la corresponsabilidad de todas las instituciones y con nuestra complicidad como sujetos sociales. Lo cual nos sitúa ante la obligación de nuestro compromiso social y ante la evidencia de nuestros contradictorios comportamientos.

«Efecto sándwich»

Por mi actual ocupación profesional como responsable de comunicación de un Concello, estoy teniendo la oportunidad de seguir de primera mano desde el interior de una institución, la cadena de acontecimientos y las decisiones que se han sucedido en apenas cuatro días para contrarrestar el avance de la infección vírica que nos atenaza.

Poder divisarlo desde dentro permite conocer cómo se sufre el efecto sándwich en los ayuntamientos, permanentemente sometidos a dos contrapresiones. Son la Administración más cercana a la ciudadanía, por lo que esa accesibilidad también se traduce en ser la más exigida. Y por estar en la base de la pirámide tiene que soportar asimismo la presión legislativa de Diputación, Xunta de Galicia, Gobierno Central y hasta la Unión Europea, cuyas disposiciones, decretos, leyes y directivas son como una losa que comprime a los municipios.

Al fin y al cabo, le está tocando a los concellos, como administraciones más cercana, tener que implementar con un mínimo tiempo de reacción y con escasa o nula información previa, las medidas que se vienen decidiendo en tropel para prevenir la expansión del coronavirus COVID-19. Hemos pasado de la aparente tranquilidad de hace una semana con las calles llenas de los diferentes actos del Día de la Mujer. En Pontevedra celebrando la carrera del Tour Universo Mujer y luego la manifestación de “Galegas 8M. Y de repente el jueves comienza una escalada de restricciones in crescendo que transitaron desde la suspensión de la actividad educativa a todos los niveles hasta el estado de alerta del consejo de ministros extraordinario de ayer sábado por decisión del Gobierno Central.

Cambio diametral

Es que en pocos días se ha producido un cambio diametral, tanto en el enfoque del problema por parte de las administraciones como en la propia percepción de los ciudadanos. Se evidencia comparando lo que publicábamos el jueves en los periódicos y lo que aparece hoy. Por ejemplo, aún hace cuatro días el Concello de Pontevedra hablaba de mantener el Salón do Libro Infantil e Xuvenil aunque rebajando aforo. Ahora, con casi todo cerrado y con la limitación de movimientos de la ciudadanía, nos preguntamos si el estado de alarma deberá prolongarse más allá de las dos semanas inicialmente previstas.

La consecuencia de esas decisiones es que se derraman hacia los ayuntamientos un sinfín de responsabilidades tutoriales. Les toca controlar desde el cierre de instalaciones deportivas, centros culturales y sociocomunitarios, parques, espacios de ocio, así como la suspensión de mercadillos ambulantes hasta supervisar el cierre de establecimientos de hostelería y de todo el comercio salvo los definidos en el DOG como servicios esenciales.

De repente todos y cada uno de los concellos de la provincia han tenido que atender a ese aluvión de mandamientos, principalmente decididos desde la Xunta de Galicia, articular los medios para su cumplimiento, informar de ello a la ciudadanía e inspeccionar las restricciones ordenadas.

Pero contemplen que no es lo mismo que Vigo, Pontevedra y Vilagarcía acometan esa tarea con sus plantillas a que semejante mandato pueda ser atendido por concellos del rural con apenas uno o ningún agente policial, pocos funcionarios, escasos medios y una población dispersa. Pienso en Cerdedo-Cotobade, Campo Lameiro, A Lama, Ponte Caldelas… Entre un extremo y el otro, tenemos un grupo de concellos de tamaño intermedio, con poblaciones expandidas en diferentes núcleos, que estando medianamente dotados tienen que atender superficies muy extensas. Piensen en Poio, Porriño, Marín o Sanxenxo entre otros.

Chapó, Telmo

La estampa de decenas de madrileños escapados a Sanxenxo y paseando por Silgar ante el manifiesto cabreo de la población local, resultó definitoria -por cierto, hasta que el alcalde mandó cerrar las playas- de lo que hemos tardado en tomar conciencia del problemón al que nos enfrentamos. Esa actitud, en el fondo, no se diferenció mucho de aquella de los miles de lombardos criticados en Italia por salir en mansalva hacia el sur del país justo antes de que se decretase el confinamiento. De eso ya pasaron unos cuantos días. Ahora el país transalpino responde solidariamente a la llamada para aplaudir a los sanitarios por su excepcional esfuerzo o salen a balcones y ventanas a cantar el himno del país. ¿Nosotros reaccionaremos también así? Me conformaría con que cumpliéramos el «quédate en casa».

Por cierto chapó a Telmo Martín con esa apelación al espíritu del Prestige para que los vecinos de Sanxenxo enfrenten al coronavirus con la misma determinación con la que en noviembre de 2002 superaron el chapapote.

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