2004: Un proyecto para el nuevo consistorio de Lalín

El jurado del concurso de ideas convocado por el Concello seleccionaba en agosto del 2004 los siete estudios finalistas, de entre los que sería elegido el «castro tecnológico» de Mansilla y Tuñón


lalín / la voz

Hace exactamente 15 años, el 20 de agosto del 2004, se reunía en Lalín el jurado encargado de seleccionar los siete proyectos finalistas del concurso de ideas impulsado por el alcalde José Crespo para la construcción de la nueva casa consistorial. Eran 43 los trabajos presentados y toda una jornada de trabajo no fue suficiente para concluir con la nómina de elegidos. Los daría a conocer tres días más tarde el entonces concejal de Urbanismo, Román Rodríguez. Una lista de lujo, con algún estudio internacional y nombres consagrados en la arquitectura española: Jesús Irisarri fue el único gallego finalista, junto con el estudio madrileño de Cristina Díaz Moreno y Efrén García; Soriano y Asociados, con Dolores Palacio; Gerardo Ayala; M. V. R. D. V. de Rotterdam (Holanda); Carmen Espegel y Concha Fisac; y Mansilla y Tuñón. Todas esas maquetas se exponen este mes en el consistorio.

La mayoría de aquellos seleccionados compartían experiencia en sus trayectorias en la construcción de edificios públicos. El desaparecido Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón eran un claro ejemplo: colaboradores hasta poco tiempo antes de Moneo, suyos eran el Auditorio de León, el Museo Arqueológico de Zamora o el centro cívico de Monelos en A Coruña, por citar algunos de sus trabajos emblemáticos. Hubo que esperar hasta el mes de noviembre para saber que ellos serían los diseñadores del consistorio que situaría a Lalín arquitectónicamente en el siglo XXI, con un vanguardista edificio de formas circulares con profusión de vidrio y metal, ubicado en un área de expansión que mostraba el crecimiento urbano de la capital dezana: O Regueiriño.

El concurso de ideas fijaba un límite de coste para el edificio de 6 millones de euros, que se preveían cubrir con la venta de suelo municipal y ayudas de administraciones públicas. Sin embargo, cuando el estudio ganador presentó el proyecto básico del edificio se comprobó que el presupuesto previsto se disparaba a 11,5 millones de euros. Eran tiempos de crecimiento urbanístico en Lalín, con un Plan Xeral avanzado para la época ?aprobado en febrero de 1999? que permitía al ayuntamiento, en paralelo a su desarrollo hacerse con importantes bolsas de suelo para el patrimonio municipal. Y se fue adelante.

La cifra, no obstante, duplicaba el presupuesto inicial anunciado, así que se introdujeron cambios que lo redujeron a 9,8 millones de euros. Entre otros, los sucesivos círculos concéntricos de baja altura que conformaban lo que los arquitectos llamaron «castro tecnológico», dieron paso a una torre circular de 27 metros de altura. Una modificación que permitía ajustar el diseño inicial a la parcela realmente existente para construir, que desbordaba en el proyecto ganador.

La licitación de las obras mostró que el presupuesto del edificio estaba demasiado ajustado: únicamente la UTE que formaban FCC y la desaparecida firma lalinense Proinsa se presentaron al concurso, y se llevaron la obra. La primera piedra se colocaba el 22 de septiembre del 2006: la adjudicación había dejado el coste de 9.701.865 euros, y el plazo de ejecución en 26 meses. No se cumplieron ninguna de las dos condiciones. Porque la crisis apareció en medio de la construcción del edificio, y se llevó por delante a Proinsa. Fue finalmente FCC quien asumió en solitario la finalización de la construcción del edificio, cuya acta de recepción se firmaba el 18 de febrero del 2011. Cuatro meses después, el 30 de junio, se izaban las banderas en el inmueble que es desde entonces consistorio de Lalín. El coste se estima que superó los 13 millones de euros, tras un modificado de proyecto a finales del 2007 del 20 % que volvió a situar el coste oficial del edificio en 11,6 millones de euros: esto es, la cifra de partida del proyecto básico.

Ocho años después de su entrada en servicio, el castro tecnológico es una referencia de Lalín. Su estampa acristalada es recorrida por quienes visitan la localidad, y han sido innumerables los arquitectos que han querido conocer el edificio, junto con las publicaciones especializadas en arquitectura que han informado sobre la obra. La fascinación del consistorio ha traspasado así fronteras, y la marca Samsung solicitó permiso al Concello hace dos años para grabar en su espectacular escalera helicoidal un anuncio de sus televisores curvos. El ayuntamiento abonó ya los préstamos suscritos en su día para la construcción del edificio, que le permitió dejar atrás las estrecheces de un antiguo consistorio que databa de 1849 y obligaba al Concello a mantener alquileres en inmuebles próximos en el mejor de los casos, con algunas oficinas alejadas en otras zonas del casco urbano.

El patrimonio municipal de Lalín integra de esta forma un inmueble de vanguardia, construido en el siglo XXI para el futuro. Y una referencia en arquitectura clásica como es el pazo de Liñares, logrando ese binomio de tradición y modernidad tan al gusto de la capital dezana.

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