Las orugas que asedian los setos

La plaga de la larva de la Cydalima tiene el potencial de devastar los diseños de boj de los jardines en cuestión de días


pontevedra / la voz

Los vecinos de Marín se sorprendieron hace dos años con la repentina desaparición de las hojas de los setos del cementerio de A Raña. Fue casi de un día para otro. La rumorología se ocupó de ver la mano de algún producto químico que los había secado. Sin embargo, las enredaderas que crecían en los setos estaban tan verdes y lozanas como siempre. Para encontrar al verdadero culpable solo había que sacudir un poco las ramas de boj de los setos y la gran cantidad de orugas que se caían al suelo delataban al responsable: la oruga de la Cydalima perspectalis. Tan reiterado fue el ataque y tan sabroso encontraron los setos marinenses, que al final el Concello tuvo que arrancarlos y poner zócalos y césped.

Lo sucedido en Marín está pasando en más lugares de toda la provincia de Pontevedra. La plaga se ha extendido tanto en la costa como en el interior y las consultas a la Estación Fitopatolóxica do Areeiro, dependiente de la Diputación, son constantes sobre todo en los picos de la proliferación de las orugas. La dimensión de los ataques obliga a las Administraciones públicas y a los propietarios de jardines emblemáticos con setos o ejemplares de boj a extremar las precauciones. Todo esfuerzo es poco para atajar el mal. Está en juego la misma concepción de jardín artístico en pazos y parques. Y la voracidad de la Cydalima, una vez que hace acto de presencia, impone una reacción igual de rápida, si no se quiere encontrar uno con el desolador panorama que se vio en Marín en el 2017.

Carmen Salinero, de Areeiro, explica que los jardineros y propietarios de parques con boj están al tanto de la plaga, pero que muchas veces se descuidan. «Hay quien se da cuenta cuando ya no tienen hojas», incide.

La defensa contra la Cydalima es en dos fases. Por un lado, está la preventiva. La trampa como si de una velutina se tratase. En este caso, se usan feromonas que hacen que las hembras adultas cuando vuelen se sientan atraídas por la presencia de un macho. Se acercan a la trampa, hecha de un material sintético, se posan en él y se quedan pegadas. La aparición de los primeros ejemplares advierte de la inminencia de la invasión. Cuando su número es ya más abundante, entre en juego la segunda fase: el tratamiento.

«A partir de unos diez o quince días desde que se ve volando a las hembras hay que estar muy pendientes de las larvas», comenta Salinero, porque es el período que tardarán las puestas en salir. Una vez que salen, las larvas empezarán a consumir las hojas de boj como si no hubiese un mañana y los daños pueden ser catastróficos para los jardines.

Salinero explicó que este año las condiciones atmosféricas, con tanto calor como se está experimentando esta primavera, favorece la difusión de la Cydalima. Recuerda que el viernes pasado dejaron en un jardín una zona sin tratar y el lunes ya se habían comido todas las hojas. Los técnicos están pendientes de esta plaga y su evolución se puede ver en las alertas de la web de Areeiro (efa-dip.org).

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