Nemo se puso al timón en Marín

Éxito arrollador de la jornada de puertas abiertas del submarino Mistral, que encantó a pequeños y mayores

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Visita a un submarino de la Escuela Naval Visita a un submarino de la Escuela Naval

marín / la voz

Media hora antes de que se abriese la puerta de Carlos I en la Escuela Naval de Marín, la cola de visitantes para aprovechar la jornada de puertas abiertas del submarino Mistral era tan grande que giraba la Praza de España y ocupaba la mayoría de la rúa do Forte. Entre los cientos de personas que aguantaban estoicamente el sol de primavera había muchos niños, que no veían llegada la hora de entrar en el submarino.

Uno de estos pequeños era Nemo, un pontevedrés que se subía por primera vez una unidad de la Armada y que recorrió con ojos asombrados el itinerario. Sin ser demasiado consciente de lo que estaba viendo, a fin de cuentas no deja de ser un niño de corta edad, no perdió la oportunidad de sentarse en los asientos que le dejaban o de entrar en las estancias que los guías le permitían inspeccionar. Todo normal, hasta que llegó a la cámara de mando, el cerebro del Mistral, desde donde se realizan las operaciones de control y supervisión de la nave y de su armamento.

Aquí este pequeño se convirtió en protagonista indiscutible. No todos los días un niño puede entrar en un submarino, ni aunque se llame Nemo. Fue decir su madre su nombre y la figura del capitán de Veinte mil leguas de Viaje Submarino, la inmortal obra de Julio Verne, cobró una actualidad inmediata. Así que, el pequeño cedió a la insistencia de los fotógrafos y de las cámaras de televisión y, cual estrella de Hollywood, se sentó en el asiento de mando del capitán del Mistral, ante la mirada cómplice de su hermana, Nausicaa. Ella también tiene nombre de sabor marítimo, ya que es uno de los personajes que figuran en la Odisea de Homero.

En la visita al Mistral los niños pusieron la nota alegre más visible, pero los mayores tampoco lo hicieron nada mal. El pasillo del submarino es pequeño, malamente caben dos personas de lado, pero muchos se las ingeniaron para hacer fotos y selfis. La curiosidad guiaba las preguntas. ¿Cuánto mide el Mistral? 67 metros. ¿Cómo hacen para dormir? Camas calientes. Aquí la tripulación no tiene su habitación propia, se van rotando. ¿La ducha? Rápida, cada tres días. ¿La cocina? «Para setenta personas, como pueden ver», bromeaba el guía al señalar una estancia no mucho más grande que un ascensor. ¿Cuántos días pueden viajar? «Cuarenta y cinco días sin tocar base que es el tiempo que le dan los víveres a bordo», indicó el teniente de navío José Luis Bernal, otro de los militares que este viernes acompañaba a los civiles.

Marín es la primera parada en Galicia de esta unidad de la Armada en su viaje por el norte de España. La siguiente etapa es Ferrol, así que quien no lo haya podido ver esta semana, tiene aún una oportunidad más de conocerlo, aunque tendrá que ir hasta las Rías Altas para hacerlo.

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