El extremo izquierdo del Teucro, Carlos Gherghart, compagina su trabajo de albañil en Meaño con el sacrificio de jugar en la élite del balonmano
07 mar 2019 . Actualizado a las 05:00 h.El despertador de Carlos Gehrhardt suena bien temprano, todavía es de noche, pero a las ocho y media de la mañana tiene que estar en su puesto de trabajo paleta en mano. A las 16.30 regresa a casa y cambia la herramienta por la bolsa de deporte. Conduce desde Meaño hasta Pontevedra para entrenar con el Teucro. A las nueve de la noche vuelve a casa y cómo él dice, «casi non teño forza nin para cear». Así es el día a día de este jugador de élite, que necesita el trabajo para vivir y el deporte para disfrutar. Es el único jugador del Teucro que compagina trabajo y deporte, una exigencia demasiado alta.
Reconoce que cada temporada piensa si vale la pena y siempre obtiene la misma respuesta: continuar. «Soamente na etapa de Barrios tiven que deixar o Teucro porque non me deixaba compaxinar as dúas facetas», comenta Carlos Gehrhardt, que asegura que una de las cosas que más le gusta es «empezar a facer unha casa dende os cimentos e vela rematada». Trabaja junto a su padre desde hace casi diez años. Con tan solo 16 empezó los veranos alicatando para años después, en plena crisis, trabajar mano a mano con su padre. «Neste tempo soamente estiven ano e medio de coctelero en Combarro cando non podía estar no Teucro e fichei por Poio», explica.
Estos días tiene que cuidarse. Está lesionado y sus entrenamientos están más centrados en la rehabilitación y en el gimnasio. «Vou intentar probar o xoves para poder xogar o sábado, pero non sei como irá», reconoce. El preparado físico, Toño Puga, asegura que la capacidad de sacrificio de este jugador arousano es envidiable y adapta su agenda para poder tratarlo. Es el único que trabaja, una excepción que entiende el club para adaptarse a él. «Eu non podo vivir so do balonmán», comenta Carlos después de pasar la mañana montando las aceras de A Toxa. «Encántame meu traballo porque non é monótono, cada xornada é distinta, como no deporte, non me custa ir traballar, aínda que días como o de hoxe (por onte) có diluvio universal e máis duro», indica el extremo izquierdo del Teucro.
Está a punto de cumplir 20 años en el balonmano. Empezó con seis en Meaño, de ahí saltó a O Grove y llegó al Teucro en categoría cadete. «Para min era un soño poder chegar ao Teucro e poder ter a oportunidade de xogar en Asobal, recordo que debutei contra o Benidorm unha tarde despois de vir de xogar co equipo de Primeira pola mañá», comenta el jugador de Meaño, quien recuerda que le costó adaptarse al sistema de juego, pero la ayuda de Quique Domínguez y Luis Montes fue determinante para que a pesar del esfuerzo siga amando una disciplina que en su familia también practicaron su padre y su hermano.
Ahora solo tiene en su cabeza que el equipo se salve, sabe que el calendario que tienen por delante es complicado, pero a Carlos Gehrhardt le sobra ilusión en cada cosa que hace. «O deporte é o que ten, hai anos moi bos e outros como este que estamos a pasar», explica Carlos, que fue el último de la plantilla en caer lesionado. Todo apunta a que le quedan dos o tres semanas, pero él se engancha al optimismo para sacar lo mejor de cada faceta. No hai peros en su vida. Ni en el trabajo, ni en el deporte.