De cómo su querido coche lo llevó a ver la pobreza

Se reunía con sus amigos de un club de vehículos; con ellos inició un proyecto solidario y eso lo cambió todo


pontevedra / la voz

Suso Pampín es, ante todo, un hombre amable; de estas personas que en cada frase añaden un gracias, un por favor, un faltaría más. Además, habla sin complejos, contestando sin que haga falta preguntarle. Por eso, cuando cuenta que es el portavoz en Pontevedra del club Audiosport-Ibérica, que aglutina en toda de España a miles de personas aficionadas a los Audi, él mismo añade rápidamente: «Puede sonar a una cosa pija, a que somos gente loca por los coches que nos reunimos para hablar de ellos y cosas así... pero la verdad es que esto es otra historia. Sí que nos juntamos inicialmente por el tema de los Audi, pero ahora lo que tenemos es una amistad... se habla más de humanidad que de coches. Si alguien tiene un problema con el automóvil se le ayuda, se le dan consejos, pero hay más que eso», dice entre risas. Luego, cuenta un poco su historia y la de su club, que tiene una versión solidaria digna de ser explicada.

Suso, de 66 años y pontevedrés de Lourizán aunque vecino de la ciudad, estrenó la jubilación hace poco. Atrás dejó una vida de campo en campo de fútbol. No es que jugase al balompié sino que, tras unos años trabajando como técnico electrónico, hizo unas oposiciones y entró como funcionario en la Diputación de Pontevedra. Y ahí se encargó del mantenimiento de los campos de fútbol de hierba natural. Cuenta que recorría la provincia de cabo a rabo, desde Rodeiro a A Guarda pasando por Pontevedra reponiendo céspedes, arreglando drenajes, pasando máquinas... y haciendo los más variopintos trabajos. Cuidaba, junto con sus compañeros, desde el campo más humilde hasta Pasarón. Le gustaba lo que hacía. Y guarda un buen número de anécdotas. «Una vez en A Estrada hasta el concejal apostó con nuestro ingeniero si éramos o no capaces de arreglar aquel campo. Estaba hecho un desastre... pero pudimos mejorarlo. Fue una satisfacción».

Fue, precisamente, un jefe que tuvo, que conducía un Audi, el que hizo que él se fijase en este vehículo. «A él no le gustaba conducir y me pedía que lo llevase yo. Lo probé y la verdad es que me encantó y pensé que, si podía, un día compraría uno». Efectivamente, llegó el día en el que lo compró. Y, como un niño con zapatos nuevos, aunque por aquel entonces Internet todavía estaba en pañales, empezó a buscar información en distintos foros sobre el vehículo, las prestaciones que tenía... «Pero no había mucha cosa, la verdad, hasta que en el 2002 comenzó a formarse un club sin ánimo de lucro con aficionados a los Audi de toda España», indica.

Se animó a unirse y, un tiempo después, sobre el 2007, se le ocurrió decir en ese foro si había gente de Pontevedra que quisiera reunirse en algún lugar y charlar. Su idea triunfó. Primero fueron solo cuatro o cinco personas, luego más... y en la actualidad el club lo conforman unas 90 personas. Un buen número de ellas, dos veces al mes se dejan caer por la casa vecinal de Marcón, que se convirtió en su sede. Ahí charlan de todo, cenan de bocata y planifican excursiones con aficionados a los Audi de toda España -hacen concentraciones con comida, música y visitas- y ahí también, hace ya también unos años, decidieron que cada vez que hiciesen comidas con todo el club donarían alimentos para alguna entidad benéfica.

Al comedor de San Francisco

Suso habla de esta idea y se emociona. «Al principio no sabíamos a qué sitio llevar la comida. Y de repente descubrimos el comedor social de San Francisco, en Pontevedra. Yo, lógicamente, sabía que existía. Pero no fue hasta estar en él, hasta ver cómo trabajan los voluntarios, qué número de comidas dan, cuánta gente lo necesita que no me di cuenta de lo importantísimo que era. Entonces, empezamos a juntar comida para llevarla allí». Primero reunían pocos kilos, pero conforme conocieron las necesidades, no solo se contentaron con pedirle donaciones a los socios del club, también recurren a empresas, contactan con entidades para que también recojan alimentos, buscan aquí y allá... y la última entrega fue de 462 kilogramos de productos básicos. La hicieron en diciembre.

Dice Suso que haber tenido la idea de juntar alimentos no es lo importante, que lo verdaderamente destacable «es que haya tanta gente que nos done comida para que podamos entregarla». Piensa seguir en la misma línea solidaria. Se le dice que, al final, el Audi además de llevarle a hacer kilómetros le llevó a conocer otra realidad. Y sentencia: «Pues sí. Conocer bien el comedor social fue tremendo».

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