El «héroe» al que querían ver llorar

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

Víctor Loira fue recibido en Pontevedra en un acto muy emotivo tras su reto por las dolencias intestinales

03 sep 2018 . Actualizado a las 08:06 h.

Si algún día a Víctor Loira le asaltan las dudas sobre su coraje y bonhomía, que ojalá que no, lo tiene muy fácil para quitarse esos pájaros de la cabeza. Le bastará con recordar cómo lo recibieron ayer en Pontevedra -antes había hecho una visita al hospital de O Salnés- para darse cuenta de que solo a alguien muy grande, a «un héroe», como se dijo, se le tributan ese tipo de actos, que se acaban convirtiendo en un abrazo colectivo y en una celebración de la vida. El pontevedrés Víctor Loira está a un paso de terminar su gran reto -le quedan un par de etapas-, es decir, recorrió ya casi mil kilómetros alrededor de Galicia para dar visibilidad a las enfermedades inflamatorias intestinales. Y, aunque de fortaleza va sobrado, la calurosa bienvenida de ayer en su ciudad seguro que le da fuerza para completar como hasta ahora, en bici y patín, el trayecto hasta Santiago, donde pondrá fin a su odisea.

¿Quién es Víctor Loira? La pregunta casi sobra a estas alturas. Pero no está mal recordarlo: Víctor es un enfermo de Crohn que vive con una bolsa de ostomía. Dado que su vida es un reto continuo, él reta también a la vida. En esta ocasión, decidió darle la vuelta a Galicia en patín y bici y recorrer 1.320 kilómetros para darle visibilidad a dolencias como la suya. La prueba casi está superada. La de él, y la de los que le rodean. No en vano, fue la Asociación Socio Sanitaria de Enfermidades Inflamatorias Intestinais e Ostomizados (Asseii) la que preparó la bienvenida de ayer, en la que también estaban autoridades sanitarias, de la Diputación y el Concello. Ángela, presidenta de Asseii, viendo lo que se avecinaba en la plaza de España, con decenas de personas emocionadas esperando la llegada en bici de Víctor, ya advirtió: «Imos chorar moito, Víctor é moi chorón», señaló, para después emocionarse ella misma.

En los altavoces resonaba una canción por y para Víctor que narraba su gesta. Había globos, carteles con la cara de Víctor y, sobre todo, había ganas de abrazarle. Por eso, nada más se bajó de la bici, a Víctor le rodearon brazos por todas partes, empezando por los de su madre, su mujer y sus hijos. Le cogieron en brazos, bailaron con él, le dijeron cosas preciosas en los discursos... hasta que al fin tomó la palabra.

Dijo que el reto había sido duro pero «moi disfrutado». Y contó que se lleva cosas maravillosas, como el hecho de que personas con dolencias intestinales le salieran al paso a animarle. Le aplaudieron a rabiar. Víctor bailó y cantó con los gaiteiros. También lloró. No era para menos.