Una bicicleta con cierto mal de ojo

La compañía aérea la perdió en tres de los últimos cuatro viajes de Pablo Dapena, y con ella se hizo campeón


pONTEVEDRA / lA voz

Igual que existe la buena fortuna, tiene que haber algo de mala suerte en el mundo. El ser humano siempre ha tratado de dominar la primera y espantar la segunda, aunque la ciencia y el esoterismo no con grandes compañeras. Por eso, cuesta creer que la bicicleta de Pablo Dapena, su instrumento más importante de trabajo, no posea algún tipo de mal de ojo o maldición milenaria. Desde luego, ha roto cualquier estadística: de sus cuatro últimos viajes en avión, ha acabado por extraviarse de su destino en tres ocasiones. Primero en la ida a Dinamarca, luego a su vuelta, y ahora en la ida a Challenge de Praga.

La anécdota ha sido la comidilla en varias ocasiones, y hasta cuando uno se sienta con Dapena en una terraza varios compañeros le preguntan si le ha aparecido la bicicleta ya. Él, risueño, dice que sí. También la medalla que lo acredita como campeón del mundo llegó a estar perdida tras el vuelo de vuelta de Dinamarca hace ahora poco más de dos semanas. Apareció claro, pero el susto estaba dado.

Dapena le quita hierro al asunto. «Muchos me preguntaron por qué llevaba la medalla ahí, con la bici, que podía perderla. Te aseguro que yo la puedo perder en el aeropuerto de una manera más sencilla», ríe. «Además, hablamos de una bici de casi 10.000 euros. Estaba seguro de que iba a aparecer».

Para el pontevedrés, correr sin su bicicleta sería un revés muy potente. «Es una herramienta que uso todo el año, y la bicicleta es el punto más crítico del triatlón», sentencia. ¿Qué plan tenía Dapena si la bici no hubiera aparecido en Dinamarca o este fin de semana en Praga? «Tendría que alquilar una, con todo lo que eso supone. Andar a contrarreloj buscando una tienda, ajustarla para mí cuerpo... Sería muy fastidiado». El pontevedrés no se arriesga a decir si eso hubiera supuesto quedarse sin la medalla de campeón del mundo, pero desde luego le hubiera influido muchísimo.

Otro de los puntos negativos de no poseer una bici propia los días previos a una prueba internacional es el no poder reconocer el trazado en el que vas a competir. «Es lo que me ha pasado estas dos veces. Compites a ciegas. Sí, lo ves en el mapa, pero no sabes realmente qué te vas a encontrar. No eres consciente de los desniveles que pueda haber». Hablamos de entre 90 y 120 kilómetros que Dapena ha corrido estos dos últimos fines de semana sin tener un conocimiento previo sobre el terreno. Aún así, pudo acabar primero en Dinamarca y segundo en Praga, sinónimo del buenísimo momento de forma en el que se encuentra.

Reconoce Dapena, eso sí, que esta última prueba de Praga le ha pasado factura. «No puedo mentir. Fue durísima para mí. Pensé que había recuperado desde la anterior pero... No fue así», explica pícaramente. El cansancio del pontevedrés fue palpable tras su llegada a la meta, y pese a su buena labor, a su gran carrera y su doblete con Javi Gómez Noya en el podio, asegura que no es bueno correr de esa manera, pasándolo mal. Antes que cualquier marca o medalla está el disfrutar, y cuando eso no ocurre, algo no ha salido bien.

En once días tocará volver a coger un avión. Finlandia es el destino del próximo Challenge. Espera que la bicicleta llegue con él. «En la última vuelta la compañía pegó una pegatina a la caja de la bicique ponía priority. Ya me deben conocer».

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