Un plató llamado Noalla: ¡silencio, se rueda!

Novelas de Valle-Inclán marcaron varias de las películas rodadas en la parroquia sanxenxina

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sanxenxo / la voz

Poco podría imaginarse el escritor arousano Ramón del Valle-Inclán que varias de sus novelas acabarían inspirando los guiones de al menos tres de las películas que se rodaron en el entorno de A Lanzada y en el lugar de A Revolta, en la parroquia sanxenxina de Noalla, en la segunda mitad del siglo XX.

Sonatas (1959), Flor de Santidad (1972) y Divinas Palabras (1987) encontraron en este ámbito costero los escenarios ideales para grabar parte de unos guiones que tomaban a la obra del escritor de Vilanova como su referencia. Así pues, hubo unos años en los que fue posible escuchar más de una vez en A Lanzada, Major y A Revolta aquella frase que Hollywood hizo famosa: ¡silencio, se rueda!. En Noalla también se grabó una cuarta película con antecedentes literarios. Se trata de El hereje (1957), del director Francisco de Borja Moro y que trasladó a la gran pantalla una adaptación de una obra de José María Sánchez Vila, el mismo que inspiró Marcelino, pan y vino.

Por los escenarios que ofrecían la playa y los acantilados de A Lanzada, el entorno de la propia ermita medieval y otros lugares de la parroquia de Noalla, fueron desfilando algunos de los grandes nombres del cine español del momento. Fernando Rey participó en dos de estas producciones y por aquí también se dejaron ver Imanol Arias, Ana Belén, Pilar Bardem, Adolfo Marsillach y hasta la italiana Ornella Muti.

El éxito comercial de estas producciones ya es harina de otro costal, porque hubo para todo, pero la filmografía del momento ha conservado para la posteridad las imágenes de aquella Noalla que rozó, por unos años, las glorias del séptimo arte.

Hay vecinos que recuerdan cómo se grabaron aquellas películas, porque muchos familiares participaron como extras o cedieron sus fincas para los rodajes. Bernardino González Radío describe su sorpresa con una escena de Sonatas, cuando filmaban cerca de Major. «Baixaban todos así como un exército e ían pelexar á Lanzada, que viñan outros dalá». Él vio esa película un tiempo después. Incide en que algunos vecinos que se engancharon al cine, todo por ver a Noalla elevada a la categoría de plató de la gran pantalla, como si fuese un estudio de la Warner o de la Universal.

«A min pintáronme a casa de vermello e rodaron a morte da protagonista»

En A Revolta, la casa de Vivencio Otero Rodiño se convirtió en el eje central del rodaje de Pena de Muerte en 1973, una película en la que participó como actor principal Fernando Rey. Vivencio indica que hace 45 años había pocas viviendas en el entorno y que a su casa se accedía a través de una larga galería que formaba una parra. Quizás estos elementos fueron decisivos para que los productores insistiesen con Vivencio para que aceptase el rodaje en su vivienda. En aquel momento, este sanxenxino era marinero y se encontraba en tierra de vacaciones. Le tocó asistir a toda la filmación, aunque llama la atención que nunca vio la película. Al menos por ahora. «Non cheguei a vela porque non me cadrou e agora din que se pode ver en Internet, pero aquí non teño», indica.

«Na miña casa rodaron a morte da muller protagonista e a enterraron nun abono dentro da corte, no baixo da casa. Na película saíron o galiñeiro que tiña dentro, o burrico e tamén unha porca con tres porquiños», recuerda. Explica que para la producción, le modificaron el aspecto de la vivienda pintándola de rojo en dos lados.

Estrella García Rey era una niña cuando se rodó Divinas Palabras y en el local de sus padres, el Delfín Azul, paraba el reparto para descansar y guardar la ropa de la producción. «El Delfín Azul era un punto estratégico», resalta. Del reparto guarda especial recuerdo de Víctor Manuel. «Me encantaba la relación que tenía con la gente del pueblo, siempre los hacía reír y se adaptaba muy bien a la gente».

En su local de Major, Fernando Martínez, atesora este pasado cinematográfico de Noalla. Enumera al menos seis películas en la parroquia y confía en que en el futuro esa lista se acreciente.

«A miña nai fixo unha escena nas pedras da Lanzada e botábanlle samesugas»

Rita Vázquez Vázquez recuerda la grabación de Flor de Santidad, donde su madre, Carmen Vázquez Blanco, fue figurante. «Fixo unha escena sentada nunhas pedras da Lanzada, estábanlle lavando as pernas e botábanlle samesugas», recuerda que le dijo su madre. Fue la primera y única vez que Carmen fue artista. «Buscaban persoas gordas e disque iso eran cousas antigas, que facían eses remedios». Curiosamente, Rita nunca vio la película.

Marcelino Arosa Lobato, marido de Dora Vázquez Domínguez, cuidó los caballos y el atrezo de Divinas Palabras, que custodiaban de noche en el entorno de la ermita de A Lanzada. Como anécdota, señala que una noche intentaron robar los caballos y que Marcelino Arosa y su hermano Serafín Vázquez se enfrentaron a los ladrones en la torre, con escopetas. Ante este desafío, los delincuentes desistieron.

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